Corte y confección

Las Campos completan su desnudo integral

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Las Campos

28 de diciembre de 2017, 12:57 | Actualizado a

No hay más remedio que reconocerlo: las Campos se están ganando a pulso su lugar en la tele. Sean cuáles sean las razones por las que un día decidieron aceptar la propuesta de esos genios que vieron en ellas la versión hispana de las Kardashian, lo cierto es que han conseguido protagonizar los momentos más delirantes de la televisión. Las tres mujeres han consentido en echar por la borda su propia imagen, desnudándose ante las cámaras y mostrándose tal como son, sin importarles lo más mínimo que, a partir de ahora, no tengan más intimidad que la que pueden preservar en un cuarto de baño.

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El año pasado, en las dos primeras entregas de “Las Campos”, descubrimos que la madre siempre quiso ser marquesa, razón por la cual se compró y decoró una casa como si fuera el palacio de la Zarzuela, mientras la hija mayor intentaba emular a su progenitora en el número de criadas ya que, por desgracia para ella, no pudo heredar su posición en la televisión. La sorpresa de la primera entrega fue el descubrimiento de la hermana menor, Carmen Borrego, la menos Campos y que, sin embargo, ha sido la responsable de que su madre y su hermana se hayan despojado de las vestiduras que las disfrazaban de divas de la televisión.

Porque, en realidad, ha sido Carmen Borrego quien ha actuado de revulsivo para dejarnos ver con claridad que la madre sigue siendo no solo el referente sino el eje de la familia, a pesar de que sus niñas ya son un par de cincuentonas, y que la hermana, que durante años adoptó una imagen de pijita sexy, es en realidad un chica de barrio a quien la edad y los desengaños han llevado a sustituir el sexo por la comida, sobre todo por la comida que tiene forma de sexo.

¿Les ha compensado?, seguramente sí, porque, al menos Terelu, se ha quitado de encima a la tontita arrogante que representó durante años cuando era una de las mujeres más deseadas de España. A María Teresa, a pesar de que tras la primera entrega pudo arrepentirse de semejante disparate, lo cierto es que, a falta de ese programa propio que le prometió Vassile,(el mandamás de Tele5), sigue teniendo su cuota de protagonismo en la pantalla que le permite conservar sino el trono, al menos, el título de reina emerita. Su idilio con Edmundo, Bigote, Arrocet, ya no da para más y casi que es mejor que de el cante comprándoles zapatos de mil euros a sus hijas en Nueva York, que compartiendo micfrófono con su novio. Y, por supuesto, a Carmen Borrego Dios le ha venido a ver. Gracias a su desparpajo y naturalidad en las primeras entregas, se ha hecho un hueco como colaboradora televisiva, ella que, durante años, se ganó la vida dirigiendo programas, está ahora delante de las cámaras. Más ganancia con menos esfuerzo. Ella lo vale, porque pone un punto de sentido común en la locura familiar y ejerce de espejo de su madre y hermana.

En definitiva, “ande yo caliente, riáse la gente”, es lo que deben pensar las Campos cuando son conscientes de que sí, es cierto, su docureality las ha dejado desnudas; sin misterio, echando por tierra la imagen que durante años labraron no sin esfuerzo, pero, como dice el aforismo: “peor sería tener que trabajar”.

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