La ‘Ylenia’ sueca se casa con su príncipe

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Sofía Suecia
gtres

19 de mayo de 2015, 09:21

Si nada ni nadie lo remedia y no lo parece, el próximo 13 de junio Sofía Hellqvist se convertirá en princesa de Suecia tras su boda con el príncipe Carlos Felipe, el único chico de la familia real sueca, menor que Victoria y mayor que Magdalena, a quien una constitución reformada para evitar la discriminación con la mujer, impidió ser rey de Suecia.

 

El caballero, de 32 años, que tiene como única ocupación la representación oficial de la Corona sueca, no ha estado muy acertado en la elección: de todas las mujeres que hubieran querido casarse con él, eligió a Sofía, de 30 años, que no es precisamente el prototipo de princesa, y mucho menos de sueca, que sería lo peor del caso. La pareja, tras la ceremonia de las amonestaciones que tuvo lugar el pasado domingo a un mes del enlace, está a las puertas del altar y con su boda se confirmará que desde que en las familias reales se abrió la veda a la libre elección de marido o mujer, los interesados habrán ganado libertad y amor pero el resto de la humanidad se tiene que tragar los sapos que algunos y algunas eligen. Entiendo que a los suecos, aunque sean tan modernos, se le haga cuesta arriba tener que tratar de princesa a una antigua ‘stripper’. 

 

La llegada de Sofía Hellqvist a la corte sueca, me recuerda la de Mette Marit a la de Noruega, así que igual hay que tener paciencia. Aún no me he repuesto del impacto que me produjo asistir, a finales de agosto de 2001, a la rueda de prensa previa a las celebraciones de boda del príncipe Haakon de Noruega con Mette Marit Tjessem y oír como la actual princesa heredera admitía, en medio de un gran salón del palacio real adornado con espejos con volutas, haber tenido “un pasado salvaje”, así sin anestesia. Se refería a su afición por las fiestas subidas de tono, a su participación en un programa televisivo de amor a primera vista y a su relación con un narcotraficante con el que había tenido un hijo, el pequeño Marius. Digo que aún no me he repuesto, porque desde entonces cada vez que sigo un ‘reality’ no puedo evitar pensar cuál de las concursantes tiene más futuro como princesa, aunque para eso sea imprescindible que un príncipe mire la televisión y no todos siguen el Telediario.

 

Carlos Felipe, a quien en Suecia llaman CP (por Carl y Philipe), cayó rendido a los encantos de Sofía cuando, en el año 2010, la reconoció, en el bar en el que trabajaba de camarera, tras haberla visto participar en el programa Paradise Hotel, un reality en el que los concursantes convivían en un hotel situado en el Caribe. El programa era un cruce entre Supervivientes, Gandia Shore y Mujeres y Hombres y viceversa, en el que participaban una serie de chicas dispuestas a conseguir la fama a base de pasearse en bikini por delante de un grupo de gañanes, preocupados por sus ‘biceps’ y con la testosterona al límite. ¿Les suena? Sofía Hellqvist era una especie de Ylenia, la rubia de la última edición de Gran Hermano Vip y, como suele pasar con muchas concursantes de los reality que se hacen y deshacen aquí y en Suecia, Sofía también ocupó la portada y las páginas interiores de una revista de desnudos llamada Slitz, una especie de Interviu.

 

Las fotos de la futura princesa sueca desnuda con sus partes nobles ocultas tras una serpiente que le recorría el cuerpo se reprodujeron en todas las revistas suecas cuando se supo que CP bebía los vientos por aquella chica voluptuosa, de ojos azules y pelo oscuro. Como cabe suponer, los reyes Carlos Gustavo y Silvia, padres del príncipe Carlos Felipe y las princesas Victoria y Magdalena, pusieron el grito en el cielo tras conocer a la muchacha y se propusieron apartarla del príncipe enamorado pero ignorándola y despreciándola no lograron nada, así que cambiaron de estrategia. Como son suecos y se supone que liberales, la fueron invitando a algún acontecimiento familiar aunque siempre la humillaron colocándola en el último lugar; ella se esforzaba en aparecer con un atuendo apropiado aunque no siempre lo conseguía.

 

Tras cuatro años de guerra familiar, los reyes de Suecia cedieron y el príncipe CP se salió con la suya, anunció su compromiso con Sofía y, por tanto, su boda. Para dejar atrás su imagen, Sofía empezó una transformación física que casi la ha convertido en una monja. Lo paradójico del caso, es que Sofía era una mujer impresionante, algo vulgar pero atractiva, cuando el príncipe se enamoró (o se encaprichó) de ella y ahora, a las puertas de su boda, es una señora de rostro anodino, cursi y anticuada. Sus dientes separados le daban un aire de picardía cuando en sus tiempos salvajes aparecía en las fotos mordiendo algo con ellos en actitud sexy pero ahora, obligada a sonreír beatíficamente, como una princesa, le hacen parecer la Cenicienta.

 

Por Mariángel Alcàzar

Mariángel Alcàzar es periodista desde que un día comprobó que su curiosidad podía ser también un oficio. Se ha especializado en casas reales, pero también le interesan las casas comunes donde habitan reinas y princesas, tanto las del pueblo como las de ciudad. Ejerce en tierra, mar y aire, es decir, prensa, radio y televisión.