La cara y la cruz

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Ortega Cano e Isabel Pantoja
Gtres

6 de junio de 2015, 08:00

Menudo trajín hubo el viernes en las cárceles de los famosos. A las puertas de la de Zuera (Zaragoza) un José Ortega Cano, exultante, disfrutaba de su nuevo régimen penitenciario, el tercer grado, que solo le obliga a dormir en la cárcel de lunes a viernes y además lo hará en la Victoria Kent, un centro penitenciario situado en Madrid cerca del domicilio familiar. Mientras el torero salía, Isabel Pantoja entraba de nuevo en la prisión de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), una vez finalizado su primer permiso de cuatro días que ha pasado en su finca de Cantora.

Los dos presos, uno condenado por homicidio y, la otra por blanqueo de capitales, coinciden en varios asuntos, el principal que parece que su paso por prisión al que tanto se resistieron, les está sentando de maravilla. José Ortega Cano ha salido rejuvenecido y renovado e Isabel Pantoja, sonriente y muy hermosa, considerando que entró en prisión consumida por el remordimiento y, más que delgada, escuálida.

La oscuridad que rodeaba la vida del viudo de Rocío Jurado parece haber acabado. Es cierto que en su conciencia siempre quedará el haber provocado la muerte de Carlos Parra, con cuyo coche se estrelló el todoterreno del torero en la carretera de Castilblanco de los Arroyos. Ortega quedó malherido pero lo peor fue la negación de los hechos y las estratagemas de sus abogados intentado ocultar lo que era evidente: el accidente se produjo por las condiciones en las que conducía el torero. Seguramente, aquel día Ortega tocó fondo tras un proceso de degradación personal que sufría desde la muerte de la cantante, un duelo agravado por la rebeldía de su hijo mayor, José Fernando.

Aunque lo intentó evitar y sus abogados incluso pidieron el indulto, un verdadero insulto para los familiares de Carlos Parra, al final Ortega Cano no tuvo más remedio que empezar a cumplir su condena de  dos años y seis meses por homicidio imprudente de los que ya ha cumplido la mitad. Cuando en abril de 2014, el torero entró en la cárcel de Zuera lucía el pelo blanco y estaba envejecido; en su primer permiso ya mostró su nueva imagen con el pelo teñido, se supone, perilla y una indumentaria que le hacía parecer mucho más joven. En su transformación, casi una metamorfosis, ha  tenido mucho que ver su pareja Ana María Aldón que hace ya dos años le convirtió en padre de su primer hijo biológico, el pequeño José María. Quizá Ortega, como algunos hombres, tan caballeros españoles como machistas, precisan de una mujer que les ordene la vida y que actúe como perfecta organizadora de la casa. Cada pareja tiene su manual pero, dada la mejoría en el aspecto y el ánimo de Ortega Cano, parece que Ana María Aldón ha sido su salvación. Al salir de Zuera camino de Madrid, Ortega también atribuyó su cambio de vida a la lección recibida dentro de prisión, donde seguramente ha conocido historias de perdedores que, a diferencia, de él, no tienen posibilidad no ya de volver a ganar, sino tan siquiera de volver a jugar.

Como decíamos, horas antes de que Ortega Cano abandonara la prisión zaragozana, Isabel Pantoja regresaba a la cárcel sevillana de la que salió el lunes 1 de junio para disfrutar de cuatro días de permiso. La cantante entró como salió, haciendo de tripas corazón, sonriente y, sobre todo con unos kilos de más que, en este caso, no son un peso sino un alivio, ya que a Isabel como a José Ortega Cano parece que la cárcel les ha cambiado para bien. Seguro que ha sido, es y aún será para ellos una experiencia dura pero, en la vida desnortada que llevaban, el parón carcelario se adivina como una penitencia adecuada y, finalmente, liberadora.

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Por Mariángel Alcàzar

Mariángel Alcàzar es periodista desde que un día comprobó que su curiosidad podía ser también un oficio. Se ha especializado en casas reales, pero también le interesan las casas comunes donde habitan reinas y princesas, tanto las del pueblo como las de ciudad. Ejerce en tierra, mar y aire, es decir, prensa, radio y televisión.