Corte y confección

La baronesa Thyssen y su amor al arte

Carmen Cervera
Tita y Borja

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Arte

26 de abril de 2016, 10:40

Hace algunos años, concretamente el verano de 1992, el barón y su esposa llegaron a Mallorca a bordo de su velero 'Matamua', a bordo del cual, amarrado en el lujoso Club de Mar e Palma, recibían la visita de los periodistas a los que gentilmente ofrecían bebidas y canapés. La baronesa, que entonces lucía con esplendor sus casi cincuenta años, posaba y posaba para las fotos con su biquini blanco cubierto de un blusón de gasa semitransparente, mientras el barón, tomaba su whisky y disfrutaba del espectáculo. Tras las fotos, la pareja se prestó a contestar algunas preguntas y como faltaban solo unos meses para inaugurar el Museo Thyssen y Heini Thyssen se presentaba como un gran mecenas le pregunté: ¿Cuál es su pintor español preferido?, una pregunta con la que se podía quedar bien, incluso sin saber de arte, con un Goya, Velázquez o Picasso pero que tuvo una respuesta sorprendente: “Macarrón”. Se refería el barón Thyssen, que pasará a la historia como uno de los mayores entendidos en arte, a un pintor llamado Ricardo Macarrón, ya fallecido, experto en retratos de encargo, tipo Revello del Toro, que firma los inmensos cuadros de Heini y Carmen Thyssen que cuelgan en el vestíbulo del Museo Thyssen de Madrid. Si ese era su pintor favorito, dónde quedaba su criterio como reconocido coleccionista.

El barón Thyssen siguió hablando de cuadros y aunque Carmen Thyssen ejercía de traductora e intentaba mejorar las palabras de su marido, pronto todos los que estábamos allí entendimos perfectamente que para Heini Thyssen Bornemisza la compra-venta de arte era un negocio como otro cualquiera. El marido de Tita, heredó la habilidad y el interés de su padre, uno de los primeros empresarios que empezó a juntar cuadros al darse cuenta de que el mercado del arte daba más prestigio que el de armas, por poner un ejemplo, y que igualmente ofrecía grandes beneficios, sobre todo si se compra barato a propietarios que, en un momento dado, se ven obligados por las circunstancias de guerra o exilio a liquidar sus bienes.

Para el barón Thyssen, su colección de arte era una especie de plan de pensiones que quiso convertir en capital después de casarse con Tita Cervera, cuando ya había cedido sus negocios a su hijo mayor, Georg y necesitaba cash para disfrutar con su quinta esposa de la vida que se merecía. Carmen Cervera fue una hábil relaciones públicas y logró convencer a las autoridades españolas de que la colección tenía muchos novios y, al mismo tiempo, supo explotar la imagen de que ella influyó en su marido para que finalmente la colección se quedara en España. Primero fue un préstamo que supuso el pago de un alquiler de 5 millones de euros al año, además, la restauración por parte del estado español del palacio de Villahermosa, sede del actual museo. El museo se inauguró el 8 de octubre de 1992 y, al año siguiente, el préstamo se convirtió en una venta por la que Heini Thyssen obtuvo 44.100 millones de pesetas, unos 265 millones de euros al cambio actual. Vale, el arte no tiene precio, y, al parecer, lo que se pagó fue una ganga, pero la transacción fue lo que fue, una operación comercial, camuflada con la coartada sentimental de que el amor del barón por Tita le había decidido a dejar su colección en España. Detalle, los cuadros eran propiedad de una empresa del barón radicada en Bermudas por lo que de los impuestos ni hablamos.

Tras la venta de la colección Thyssen, fue Tita Cervera quien empezó a acumular cuadros hasta que ya viuda formó su propia colección la Carmen Thyssen-Bornemisza que hace algunos años cedió de modo gratuito al Estado español para ser expuesta en la Fundación Thyssen. Vale, la baronesa, esta vez, no cobra alquiler pero se ahorra los seguros y la conservación de esas piezas y mantiene la propiedad de las obras.

Llegamos al día de hoy con la baronesa Thyssen amenazando con llevarse los cuadros de su colección ofendida porque Hacienda está investigando sus cuentas y las de su, ahora, querido hijo Borja, Carmen Cervera, también conocida como Tita, no entiende como a ella, que tanto a hecho por España, la tratan como a una presunta evasora. ¿Será porque sigue afirmando que es residente en Andorra desde 1992 cuando solo, a raíz de la investigación fiscal, se ha visto obligada a pasar al menos unos meses al año? Carmen Cervera, que dice sentirse tan y tan española, tiene nacionalidad suiza al igual que su hijo Borja, por lo que no se entiende tampoco su empeño en tener protagonismo en España y los correspondientes líos con Hacienda cuando podrían vivir tranquilamente en Ginebra, como la infanta.

De todas las cosas que le duelen a Carmen Cervera, la que peor lleva es que considera un agravio que el Estado y más concretamente el anterior Rey no le agradeciera los servicios prestados concediéndole un título nobiliario, de los de verdad, no como la baronía que tiene que no es más que un tratamiento, tipo excelencia.

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