Corte y confección

La baronesa Thyssen y otras ricas y famosas

Carmen Cervera
carmen thyssen

24 de mayo de 2016, 08:50

Dice Carmen Cervera, baronesa Thyssen, que “ser rico es muy difícil” y si lo dice ella hay que hacerle caso porque aunque no lo recuerde, o no le guste recordarlo, antes de ser millonaria fue pobre. No de solemnidad, pero sí para reconocer la diferencia entre tener fortuna y carecer de ella, de modo que de sus palabras puede deducirse que ser pobre es fácil, es decir cualquiera puede serlo mientras que llegar a rico requiere un gran esfuerzo, sobre todo si lo consigues vía matrimonio: muchas son las que lo intentan y muy pocas las que lo consiguen. La gran suerte de Tita Cervera es que tuvo una madre muy lista, doña Carmen Fernández, que esa sí lo pasó fatal aunque supo aprovechar su belleza para sobrevivir. Fue su madre, la que empujó a Carmen a los concursos de “misses”; la que se empeñó en enseñarle idiomas para ampliar el campo de sus pretendientes; la que la puso en el camino del actor Lex Barker, la que se horrorizó cuando Tita estuvo a punto de echarlo todo a perder en brazos de Espartaco Santoni y la que, por fin, descansó tras casar a su hija con el barón Thyssen.

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Tiene mucho mérito Carmen Cervera, de hecho puede que sea la española que ha llegado más alto en el mercado de los millonarios internacionales sin más ayudas que su propio encanto y las lecciones que le enseñó su madre. El único problema de la baronesa es que parece no disfrutar de la vida que tiene. Está resentida porque en España no se le reconocen sus méritos como mecenas, vive apartada de los círculos de la jet set internacional; la alta sociedad, tanto en Barcelona, donde la conocen desde siempre, como en Madrid, donde vivió su época más esplendorosa, tampoco le hace un hueco y, encima, no le salen las cuentas. Su marido le legó una fortuna en cuadros y en propiedades pero vete a saber quién y cómo gestiona su fortuna, porque siempre se está quejando de lo mucho que le cuesta mantener su colección de arte y de lo mal que la trata la Hacienda española. Se ha visto obligada a vivir unos cuantos meses en Andorra para justificar su residencia legal en el pequeño país pirenaico aunque conserva su nacionalidad suiza, por lo que no acaban de entenderse sus problemas fiscales.

La que no se queja de ser rica es Elena Ochoa, la profesora que saltó a la fama con el programa “Hablemos de sexo” de Chicho Ibáñez Serrador y que, de casilla en casilla, como en el juego de la oca, llegó hasta los brazos de Norman Foster, 23 años mayor que ella, viudo de una primera esposa y divorciado de una segunda, que pasa por ser el arquitecto más rico del mundo gracias a su habilidad para los negocios que le han permitido colocar sus mega proyectos en países ávidos de una pátina de arte y lujo, tipo Kazajastán, Arabia Saudí, China y demás. A Foster, la reina de Inglaterra le nombró lord lo que convirtió a su esposa Elena en lady, un título que queda divino cuando le dan la bienvenida al pie de la escalerilla del avión privado de su marido con el que viaja por medio mundo. Elena Ochoa, que ha tenido dos hijos con Foster, Paola y Eduardo, ha pasado por Oviedo como jurado del premio Princesa de Asturias de las Artes, un puesto que debe merecer en su condición de lady Foster, aunque viéndola entrar en el hotel Reconquista más parecía la propia princesa o casi la reina.

En cualquier caso, puestos a ser rica lo más fácil es serlo de familia como Marta Ortega, ahora en plena campaña promocional de sí misma olvidando las ventajas de ser rico y casi anónimo como su padre, de lo que se deduce que, en realidad, lo que le mola no es ser millonaria sino famosa. La hija del dueño de Zara es, sin dudarlo, la heredera más rica del mundo ya que por delante de su padre, Amancio Ortega, (con 62.000 millones de euros en la cartera) solo se sitúa Bill Gates quien ha anunciado que donará el 90 por ciento de su fortuna, estimada en 71.000 millones de euros, y además tiene cuatro hijos. Marta tiene dos medio hermanos, uno de ellos discapacitado, hijos de Rosalía Mera, (la primera esposa, ya fallecida de Amancio Ortega), y aunque se repartiera la fortuna con ellos a partes iguales (que no será el caso) igualmente se sitúa en el primer lugar. Marta que se casó con un jinete, tuvo un hijo y se divorció, anda ahora con Carlos Torretta, hijo del diseñador Roberto Torretta. Espero no tener que oírle nunca quejarse de ser rico, ni a ella de lo dura que es la fama.

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