Corte y confección

Kiko Rivera, un tipo sin interés

Mariángel Alcàzar
Kiko rivera

6 de octubre de 2015, 12:14

La belleza está sobrevalorada y quizá también la formación académica. Hay personas que sin ser guapas ni tituladas, irradian atractivo y tiene la mente abierta pero no sería el caso del inefable Francisco José Rivera Pantoja que es como se llama el personaje más  conocido ahora como Kiko Rivera. Verlo repanchingado en el butacón de “Sálvame Deluxe” ha sido un espectáculo difícil de olvidar porque efectivamente, como dicen  todos sus críticos, por más dinero que necesite no se puede caer más bajo.

Lo siento pero el que también durante años fue conocido como Paquirrín no ha tenido nunca, jamás un gramo de atractivo, desde que nació ha sido un tipo sin interés. Desde luego, el  no tiene la culpa de que cuando era un recién nacido su madre le vistiera con los encajes y volantes de las ranitas de Baby Dior que le pegaban como a un Cristo un par de pistolas.  El pequeño del alma de su madre no fue nunca un niño guapo, pero esa es una apreciación subjetiva y jamás debe ser utilizada para calificar a alguien, faltaría más, pero la cuestión es que tampoco era ni gracioso, ni antipático, ni listo, ni tonto, nada de nada. Fue creciendo sin que al parecer su asistencia al colegio le hiciera mucho efecto, a juzgar por las faltas de ortografía, de sintaxis y algunas más que se aprecian en sus mensajes de Twitter. Cuando tenía algo más de diez años le llegó una hermana, la ahora famosa Isa Pantoja, con quien, visto lo visto, nunca tuvo una relación fraternal, más allá de la que pueda atribuirse a Caín y Abel. Fue por aquella época cuando Paquirrín empezó a aparecer con su indumentaria preferida, camiseta y pantalón anchos de deporte que se justificaban por su aparente habilidad para la práctica del fútbol que llevó a su madre a intentar meterlo en la escuela del Real Madrid. No hubo suerte y el niño, ya adolescente, dejó el deporte y por lo visto también los estudios de cualquier tipo, pero no el chándal, indumentaria que se convirtió en su uniforme tanto en invierno como en verano cuando dejaba al aire su sobaquera. Fue sumando kilos y restando pelo al tiempo que iniciaba una carrera de don Juan entre todas las chonis y pilinguis con las que se cruzaba. Buscadoras de fama efímera que pagana el alto precio de tenerse que encamarse con el sujeto a cambio de unos minutos de gloria televisiva. Pobres ingenuas cayendo en las redes de uno que se creía un seductor y no era más que un macho en celo.

A varias de sus novias las dejó preñadas, pero solo una siguió adelante con el embarazo, Jessica Bueno, una ex miss Sevilla, que pagó muy caro el precio de ser la pareja del muchacho a juzgar por la cara que se le quedó cuando salió huyendo de Cantora con su Francisquito en brazos.

Convertido en DJ e incluso en cantante, a Kiko Rivera se le está pasando la poca gracia que tenía como joven alocado para convertirse en un hombre patético. Sean o no sean verdad las historias de cama que cuentan de él, su actitud con respecto a la estancia de su madre en prisión, a las idas y venidas de la relación con su hermana y a su actitud machista y antigua vestida, además, con la indolencia de su presencia, le convierten en un ser que más nos valdría olvidar porque ya no sirve ni para entretenernos.

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