Corte y confección

Julián Muñoz, hundido en su miseria

Mariángel Alcàzar
Julián Muñoz

2 de abril de 2016, 11:58

De todos los errores que Julián Muñoz cometió en su vida, sin duda el que más le ha perjudicado ha sido el haberse encaprichado de Isabel Pantoja. El viernes salió de prisión, con un permiso especial debido a su mala salud, convertido en un hombre hundido y vencido que parece haber pagado casi con su vida la arrogancia y ambición que le hicieron tristemente famoso. La cantante, mientras tanto, sigue encerrada en la finca Cantora, su cárcel de oro después de abandonar la de Alcalá de Guadaíra.

Muchos son los que, como Julián Muñoz, se cegaron con el dinero y el poder pero pocos hay que, además, buscaran un foco a sus supercherías emparejándose con una mujer que ha elevado al infinito la repercusión de su debacle. Julián Muñoz siempre fue un segundón en la trama montada por Jesús Gil y su hombre fuerte, Juan Antonio Roca, el cerebro de la trama de corrupción de Marbella, pero se creció cuando, tras la dimisión de Gil ocupó su puesto al frente de la alcaldía de Marbella. Pobre tonto, Julián al que le habían dado las migajas del inmenso negocio generado en la localidad andaluza, empezó a creerse que controlaba el asunto y quiso, además, de quedarse con la propina que le daban Gil y Roca, cobrar también la cuenta. Ya se sabe como las gasta la mafia cuando alguno de sus empleados pretende hacerse con el negocio y eso es lo que le pasó a Muñoz, los verdaderos jefes lo destrozaron.

Desde la alcaldía pretendió diseñar su propia red de cobro de comisiones, 'peccata minuta' comparada con todo lo que se había llevado Roca como asesor de urbanismo del ayuntamiento marbellí, pero suficiente para volverse loco. Y qué hizo con el dinero que trasteaba en bolsas -como contaría más tarde su ex Mayte Zaldívar-, pues darse el capricho de conquistar a Isabel Pantoja a base de regalos y agasajos que, por supuesto, pagaba con dinero ajeno. Ahí estuvo su fallo, puesto que los verdaderos mafiosos no pierden el norte por una mujer y mucho menos se enamoran; saben perfectamente que eso les debilita.

Pantoja no fue mucho más lista, claro, deslumbrada como estaba con el brillo del dinero que Muñoz manejaba con tanta alegría pensó que realmente había encontrado al dueño de la isla del tesoro. La cantante siempre ha tenido una obsesión que le ha impedido pensar y ver con claridad: el dinero, pero no el que ella misma pudiera generar con su arte, que lo tiene, sino el que pudiera alcanzar situándose cerca de alguien que lo tuviera. Isabel, en realidad, siempre ha querido protagonizar la historia de la artista de éxito a la que retiran del escenario y tratan como a una reina. Le hubiera salido bien si el pobre Paquirri no se le hubiera muerto a los dos años de la boda pero lo que fue una ilusión se acabó convirtiendo en una especie de delirio. Buscó desesperadamente repetir el cuento de hadas pero solo encontró a una bruja, la finada Encarna Sánchez, que si bien le resolvió algunos problemas económicos lo hizo a cambio de ser su dueña. Sus historias con María del Monte y Diego Gómez, por citar las más conocidas, fueron un pasar en busca de una nueva oportunidad que llegó en forma de Julián Muñoz, un cantamañanas vanidoso al que, sin que exista una explicación razonable, vio como su salvador.

El resto de la historia es conocida. Tras unos años viviendo del dinero que Julián había podido distraer que era mucho menos del que esperaba encontrar la Pantoja, las investigaciones por los presuntos, aunque evidentes, casos de corrupción en Marbella llevaron a Julián Muñoz a la cárcel y a Isabel Pantoja a una nueva decepción. Lo peor estaba por llegar, pues también la cantante pasó por los juzgados y por la prisión. La cantante ha quedado marcada pero Muñoz parece un muerto viviente.

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