Corte y confección

Isabel Preysler y Ana Belén, separadas al nacer

Mariángel Alcàzar
isabel preysler ana belen

9 de febrero de 2016, 10:35

He tenido una visión inquietante. En una pausa publicitaria de “Sálvame”, justo después de pasar las imágenes de Isabel Preysler en la entrega de los premios Goya, Tele5 emitió un anuncio de Actimel protagonizado por Ana Belén y ¡Ostras, Pedrín¡, la novia de Vargas Llosa y la mujer de Víctor Manuel son iguales, idénticas, mismo pelo, mismo rictus y mismo tipo, lo que vendría a sugerir que han pasado por el mismo cirujano. También tienen la misma edad, pues las dos están a punto de cumplir 64 años y, nada que objetar, están muy bien, se cuidan y se les nota, aunque las dos tienen la frente muy amplia y la piel muy fina y, de cerca, sin luces y sin maquillar igual se les puede encontrar algún fallo, pero eso nos pasa a todas. Luego ya en sus vidas, ya no hay tantas similitudes, aunque las dos se casaron a los 21 con un cantante: Ana Belén con Víctor Manuel e Isabel, con Julio Iglesias. A la primera aún le dura el matrimonio y, la segunda, ha pasado dos veces más por el trámite, con Carlos Falcó, marqués de Griñón y con Miguel Boyer y está a la espera de sumar un cuarto matrimonio si, como todo el mundo anuncia, acaba casada con Mario Vargas Llosa.

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Viendo a la parejita en la ceremonia de entrega de los premios Goya se entiende perfectamente que Isabel y Mario estén encantados de haberse conocido. Viven una nueva juventud, porque nada rejuvenece más que una ilusión, y ciertamente dan cierta envidia. Seguramente, si se hubieran conocido en otra etapa de su vida, ya estarían separados o, al menos, aburridos el uno del otro. El escritor, a punto de cumplir los 80 años, no se había visto en otra igual; ni cuando ganó el premio Nobel generó tanta expectación y eso, le encanta. Se nota y mucho, porque cuando le rodean las cámaras se espabila y cuando se relaja, lógicamente, se le caen los años. Durante la ceremonia de los Goya dio alguna cabezadita, pero no es de extrañar porque, a ratos (sobre todo cuando los premiados repasan la lista de agradecimientos, no hay quien resista) pero también se quedó dormido, hace algunos días, en su asiento de bussines del Puente Aéreo Madrid- Barcelona, mientras Isabel, siempre despierta y atenta, saludaba a todo el mundo impertérrita, respetando y, al mismo tiempo, disculpando el sueño de su amado. Más allá de ese amor que les une, que según Isabel les llegó de repente, a la pareja le une sobre todo su mundanidad, esa manera perfecta de moverse en sociedad, ese saberse centro de todas las reuniones y eje de todas las conversaciones. Y para esas actividades, uno o una no puede ir solo, se necesita pareja. Isabel la estaba necesitando como el aire, no es ningún secreto, ella misma lo ha contado. Desde que a su último marido, Miguel Boyer, le dio un ictus el 27 de febrero de 2012, dos años y medio antes de su muerte, Isabel, según propia confesión, ya se sentía viuda. Muy fuerte, ¿no?, Aunque ella lo explica diciendo que Miguel Boyer dejó de ser el hombre inteligente y brillante que era para recluirse en la cárcel de su memoria y, a partir de ese momento, ella se sintió sola.

Pero las desgracias duran poco en casa de Isabel Preysler. En eso llegó Vargas Llosa, aunque hay quien asegura que ya llevaba años rondando, y la vida le dio una nueva oportunidad para salir a la calle y volver a lucir su estrella. Él, que se dormía en las conferencias, espabiló de golpe; dejó a su mujer Patricia Llosa, que también debía dormirse ya, aunque de aburrimiento, cuando el le contaba sus batallas, abandonó sus principios y recuperó su gusto por la frivolidad con un toque de distinción, desde luego.

Y ya ves, Isabel Preysler va a los Goya, Ana Belén hace anuncios de yogur y las dos, cada una en su ética coinciden en la misma estética.

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