Corte y confección

Isabel Preysler le da largas a Vargas Llosa

Mariángel Alcàzar
Isabel Preysler

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Parejas famosos

20 de octubre de 2016, 11:05

Dice Isabel Preysler que Mario Vargas Llosa le ha pedido en matrimonio y que ella se lo está pensando. Ella viuda y él, divorciado son libres de legalizar su situación cuando quieran aunque si no lo han hecho de inmediato es de suponer que lo harán en el momento en el que más les convenga, habida cuenta de que, desde que se hizo pública su relación, los dos se han beneficiado en el área que más les interesa al rentabilizar su imagen. La boda llegará en el momento oportuno.

Isabel ha multiplicado el efecto de sus apariciones públicas, todas ligadas a sus compromisos publicitarios, y Mario, aunque no ha podido multiplicar las ventas de sus libros, (el último “Cinco Esquinas” ha sido un fracaso) sí puede mantener el estatus de celebridad que casi aprecia más que el de literato. Al Nobel se lo rifan en universidades y fundaciones para agasajarlo y eso, en buena parte, se lo debe al ‘boom’ de su noviazgo con Isabel. Y, por encima de todo, Vargas Llosa tiene la satisfacción de todo conquistador que se precie: ser envidiado por haber seducido a una de las mujeres más deseadas del mundo.

A los 80 años, Mario Vargas Llosa sigue cultivando su imagen de seductor y, al mismo tiempo, se ha podido retirar de la ardua tarea de conciliar su vida amorosa fuera de casa con la matrimonial. Ahora puede jubilarse y no salir de casa para sentirse querido y adorado. Isabel, por su parte, también ha ratificado su posición, logrando a los 65 años lo que muchas de menor edad no consiguen: vivir un amor de adolescente y seguir siendo una señora.

Hay que admitir que Isabel y Mario son tal para cual. No es fácil congeniar dos personalidades tan singulares ya que, por lo general, los celos afloran cuando, a la larga y, a veces, a la corta, uno de los dos destaca sobre el otro pero, ellos lo están consiguiendo. Isabel ha opacado a todos los maridos que ha tenido, incluido Julio Iglesias, aunque también les ha proyectado su luz como hizo con el marqués de Griñón que aún anda por las revistas paseando. Pasó treinta años con Miguel Boyer y siguió siendo Isabel Preysler, incluido el día en que se vistió de luto para enterrarlo.

Un inciso, el segundo ex de Isabel, Carlos Falcó, vive una segunda juventud al lado de su nuevo amor, Esther Doña, quien por cierto es del mismo modelo que Nicole Kimpel, la novia de Antonio Banderas, y Alejandra Silva, la de Richard Gere. Si fuera mal pensada creería que las tres fueron a la misma escuela de novias niñeras, perfectas acompañantes de hombres que prefieren señoritas modositas que iluminen su vida con su belleza y juventud pero que no les hagan sombra.

Isabel Preysler ha marcado escuela y muchas son las que han querido imitarla y hasta arrebatarle el título de “reina de corazones”, pero ninguna lo ha logrado. Con tres maridos y uno en camino y cinco hijos de tres padres diferentes, Isabel ha logrado mantener su imagen de mujer amable, enemiga de los conflictos y de los escándalos, de quien nadie habla mal y de la que nunca nadie ha podido sacar más trapos sucios que los de una ambición tan sabiamente administrada que más parece afán de superación.

Ahora también está midiendo los tiempos de su relación con Mario Vargas Llosa, haciéndose la interesante o quizá actuando con gran coherencia, porque finalmente qué importa una boda considerada como meta si todo el mundo sabe que Isabel consigue todo lo que quiere.

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