Corte y confección

Isabel Pantoja se reta a sí misma

Isabel Pantoja
Isabel Pantoja
gtres

8 de noviembre de 2016, 09:11

Isabel Pantoja reaparece esta semana en un concierto para público escogido que se celebrará en el teatro real de Aranjuez, edificado por el rey Carlos III en el siglo XVIII. Un marco regio para la reina de la copla —muertas o retiradas todas sus compañeras de volante y drama cantado— , que hace más de treinta años ya volvió a la vida tras la muerte de Paquirri cuando reapareció en el teatro Lope de Vega, de Madrid, con la reina Sofía en el palco de honor y el entonces llamado Paquirrín esperando a subir al escenario vestido de querubín. En esta ocasión no habrá ni reinas, más allá del fantasma de Amalia de Sajonia, la esposa de Carlos III que murió justo antes de que se inaugurara el teatro de Aranjuez, ni niños cantores.

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En las últimas tres décadas a la Pantoja le ha pasado de todo y no siempre bueno, aunque su historia, como la de Belén Esteban, siempre estará ligada al nombre de un torero. Sangre y arena, un drama en toda regla que marcó su vida y la convirtió en leyenda, aunque en los últimos años su relación con otro hombre, Julián Muñoz, la ha colocado al pie de los caballos.

Su ceguera de amor o de ambición, durante los años que duró su relación con el ex alcalde de Marbella, no solo provocó que acabara en la cárcel, también la despistó de sus tareas familiares y sus hijos, Kiko y Chabelita, se malcriaron sin la atención materna. Los dos pantojitos, sin oficio, ni estudios pero con bastante beneficio dadas sus limitaciones, no han procurado más que disgustos a su madre y difícilmente han podido ser apoyo de la cantante antes, durante y después de su paso por la cárcel. Los dos hijos de Isabel Pantoja no han sido de mucha ayuda para su madre, con sus desavenencias, sus traiciones y, sobre todo, con el aprovechamiento extremo de la fama que les dio nacer o criarse en casa de la tonadillera.

De la Pantoja se sabe casi todo, sus antiguos corífeos han acabado por traicionarla quizá porque aprendieron de ella todos los secretos de la deslealtad y, tras presentarse como sus apóstoles, han acabado negándola como San Pedro a Jesucristo. Nadie sabe, sin embargo, como, mientras permanecía encerrada en su finca La Cantora, se ha ido preparando para reaparecer y de donde ha sacado las fuerzas, en medio de tanto lío, para afrontar su reaparición artística.

La cantante se enfrenta ahora a una nueva prueba del algodón, saber si vuelve a llenar los teatros por su morbosa condición de ex presa o por su innegable categoría artística pero falta por ver si se presenta ante el público con la humildad de una arrepentida o con la soberbia de la que hizo gala en sus tiempos de “dientes, dientes”. Si, en definitiva, da el cante o, por fin, se dedica a lo que sabe: cantar.

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