Isabel Pantoja, maestra en la cárcel

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Isabel Pantoja clases cárcel
GTRES

21 de mayo de 2015, 08:00

La vida de Isabel Pantoja está a punto de cambiar pero no únicamente porque en breve puede obtener su primer permiso, si no porque en la cárcel ha descubierto algo que quizá tenía olvidado: dejar de ser el centro del universo. La cantante, de 58 años, casi 59, está cumpliendo una condena de dos años en la cárcel de Alcalá de Guadaira (Sevilla) donde ha encontrado si no el sentido a su vida, sí al menos una razón para seguir adelante ya que desde hace algunas semanas dedica su tiempo a enseñar a leer y a escribir a dos presas analfabetas; dos mujeres mayores que, independientemente de sus delitos, han sido maltratadas por la vida hasta el punto de habérseles negado el mínimo acceso a la educación.

 

Isabel Pantoja se ha volcado con esas dos presas que, mira tú por donde, están dando sentido a su estancia en prisión. Aún le queda un año y medio de condena pero todo parece indicar que en esos 18 meses podrá disfrutar, en diferentes periodos, de los 36 días de permiso que la ley concede a los presos en segundo grado. En los próximos días un juez de vigilancia penitenciaria decidirá si aprueba la propuesta de la junta de tratamiento de la cárcel de Alcalá de Guadaíra, reunida el 21 de mayo, y concede a la presa más famosa de España su primer permiso carcelario. No es ningún privilegio sino una medida destinada, fundamentalmente, a la reinserción del preso en la sociedad. Para ganarse unos días al aire libre (nunca una definición ha sido más precisa), Pantoja ha  tenido que cumplir varias condiciones: la primera haber superado la cuarta parte de su condena que serían los seis meses que han transcurrido desde su ingreso en prisión el pasado 21 de noviembre y, fundamentalmente, haber dado muestras de buena conducta y, además, en este caso haber cumplido con todas las tareas que se le han asignado dentro del módulo de respeto en el que está ingresada.

 

La cárcel de Alcalá de Guadaira es un centro especial y lo es porque en todos sus módulos se aplica el régimen llamado de respeto, cuya finalidad es lograr un clima de convivencia y el máximo respeto entre los presos. El factor fundamental es la participación del interno en la vida, las tareas y las decisiones del módulo, a través de grupos de trabajo y comisiones de internos. Isabel Pantoja se ha adaptado perfectamente a las normas y ha cumplido con ellas integrándose en uno de los equipos de trabajo que, de forma rotatoria, se encargan de la limpieza del módulo, de las cocinas y baños y de servir el comedor, entre otros cometidos. Luego está la participación en los talleres y Pantoja siguió, al principio de su estancia, un curso de cerámica en el que llegó a hacer dos azulejos con el nombre de cada uno de sus nietos, Francisco, hijo de Kiko Rivera y Jesica Bueno y Alberto, nacido de la relación de Chabelita con Alberto Isla. Ahora, la cantante participa en un taller de confección y está ya cosiendo alguna prenda para su próximo nieto, el hijo que espera Irene, la novia de Kiko.

 

Isabel Pantoja cree que ha tenido mala suerte en la vida pero quitando el desgraciado episodio de la muerte, en plena juventud, de Francisco Rivera, “Paquirri”, lo suyo ha sido más la consecuencia de haber querido emular a Escarlata O’Hara parafraseando su “Juro por Dios, que nunca más volveré a pasar hambre” por un “Juro por Dios, que nunca más volveré a ser débil”.  La muerte de Paquirri le rompió el corazón pero en vez de reconstruirlo a base de nuevas emociones lo sustituyó por una piedra, la única manera de no sufrir es no sentir, pensó. Pantoja nunca volvió a querer; con el escudo protector de su viudez se dejó querer por quien ella creía que le iba a solucionar la vida, alguien que le quitara las preocupaciones de sacar adelante una familia que veía en ella la gallina de los huevos de oro. De ese modo cayó en las manos (por no decir garras) de Encarna Sánchez, de quien probablemente sacó algún beneficio que, en ningún caso compensa, los celos y presiones que tuvo que soportar. Mientras su carrera musical fue bien, Maribel, como la llaman sus íntimos, se permitió algunas relaciones más beneficiosas para su salud como las que mantuvo con la cantante María del Monte y con el relaciones públicas Diego Torres, cualquiera de los dos le hubiera aportado sosiego si en el alma de Pantoja no hubiera seguido anidando su verdadera ambición: alguien que, como a artistas antiguas, la retirara para convertirla en una reina.

 

No estuvo muy acertada en el ‘casting’ porque en vez de conquistar a un magnate mexicano, por ejemplo, se fijó en Julián Muñoz, que además de un fanfarrón que decía  tener más de lo que tenía, no era precisamente un galán. Sino un gañán. Ya se sabe como ha acabado la cosa, el ex alcalde de Marbella no solo la implicó en sus negocios y delitos, sino que cambió para siempre su imagen contagiándola de vulgaridad. En el camino, además, Pantoja preocupada en sí misma y en como salir de su laberinto, se rodeó de fieles que acabaron siendo infieles, de familiares sin más oficio que bailarle el agua y con dos hijos, Kiko y Chabelita, que parecen perdidos en su propia huida hacia adelante.

 

Quizá la cárcel no le esté sentando tan mal a Isabel Pantoja. Tiene tiempo para pensar y sobre todo para darse cuenta de lo afortunada que ha sido a pesar de sus desgracias comparada con las dos presas analfabetas a las que ahora está enseñando a valerse por sí mismas. Quizá sean ellas las que le estén dando una lección.

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Por Mariángel Alcàzar

Mariángel Alcàzar es periodista desde que un día comprobó que su curiosidad podía ser también un oficio. Se ha especializado en casas reales, pero también le interesan las casas comunes donde habitan reinas y princesas, tanto las del pueblo como las de ciudad. Ejerce en tierra, mar y aire, es decir, prensa, radio y televisión.

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