Corte y confección

Ya no hay duda, con Ana Obregón no pasa nada

Ana Obregón
Ana Obregón

6 de diciembre de 2016, 09:34

Ana Obregón alcanzó su cima televisiva en día que se prestó a una sesión de espiritismo en la que la medio medium Anne Germain aseguró haber contactado con Fernando Martín, el jugador de baloncesto, fallecido en 1989 con solo 27 años. En aquella aparición con lloros contenidos e hipidos constantes, Obregón, que actuó casi como su viuda, marcó un hito difícil de superar, un momento surrealista que podría haber servido para diversión del personal sino fuera porque maldita la gracia que les debió hacer a los verdaderos deudos del malogrado deportista.

Este año, el 27º aniversario del fallecimiento de Martín, que Ana ha recordado subiendo una foto a las redes sociales en la que se ve a una imagen veraniega de la pareja, ha coincidido con la emisión del último capítulo de 'Algo pasa con Ana', el último invento de la actriz y presentadora un pretendido reality que convierte al de 'Las Kardashian', e incluso al de 'Las Campos', en una obra maestra. Ana justifica su recuerdo a Fernando Martín, que habría cumplido 54 años, en su deseo de que nadie se olvide de él, un objetivo muy loable aunque después de tantos años aún pretenda seguir dando a entender que mantuvo con el deportista una intensa y profunda relación amorosa que siempre han negado los amigos de verdad del deportista. Pero ya se sabe que Ana sin su imaginación sería como una bicicleta sin ruedas.

Volvamos al programa y a la paradoja de que era muy difícil distinguir ficción de realidad puesto que la vida de Ana Obregón es pura fantasía y, además, en este caso no se sabe si las tramas forman parte de la imaginación de la artista o de un guión, aunque así lo ha parecido. En uno de los capítulos, la Obregón está intentado ligar en un local de salsa y le salta la alarma del móvil avisándole de que hay fuego en su casa; sale pintando y cuando llega, un rato después, se supone, resulta que aún está en la sartén la chuleta que se está quemando y, al lado, impasible Dorina, la criada filipina. La adorable Dorina protagonizó las únicas escenas creíbles del programa y eso que en uno de ellos explicó ante un hermoso tallo de orquídeas que la planta había revivido gracias a sus palabras de aliento y cariño hacía los muñones resecos.

Ana Obregón tiene 61 años, una edad estupenda comparada con los 71 pero, no nos vamos a engañar, una vez cumplida seguir vistiendo con minifaldas, lucir melena alicaída e ir pintada como una puerta envejece. No es eso lo peor, cada una hace el ridículo como puede, sino esa simpatía impostada, esa escena de merendilla con una niña afectada con Síndrome de Down; ese reencuentro con los chicos que intervinieron en 'Ana y los siete' y que ya creían que la habían perdido de vista; ese desayuno en el jardín con su hijo Alejandro Lequio y esas referencias a que el joven es primo del Rey, en fin… todo insuficiente para atraer a los millones de fans que dice tener Ana Obregón.

Y como broche de oro, una escena copiada directa y literalmente de la película ''La Boda de mi mejor amigo', en la que Rupert Everett da una sorpresa a Julia Roberts y mientras le habla por el móvil haciéndole creer que está en otra ciudad, acaba apareciendo en el banquete de boda para sacarla a bailar y que no esté sola. ¡Algo pasa con Ana”se cierra con ese mismo gag, protagonizado por Ana Obregón, sola y con sin tacones tras la gala “Starlitte” de Marbella, y su amigo Ra que la viene a rescatar. Raúl, atento y cariñoso estilista, ha demostrado a lo largo de todos los episodios es el único personaje, junto a Dorina, que tiene cierta credibilidad aunque Ana le haya otorgado el tópico papel de amigo gay.

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