Corte y confección

Guapas sin suerte en el amor

Mariángel Alcàzar
Nieves Álvarez y Marco Severini

11 de julio de 2015, 09:20

Ser guapa no es ninguna ganga, se lo digo yo que el siglo pasado pasaba por ser una de ellas. Hace solo unos días, Nieves Álvarez y su marido, el fotógrafo, Marco Severini, hacían pública su separación matrimonial; hace unas semanas, Charlize Theron cortaba su relación con Sean Penn y hace unos meses, Irina Shayk dejaba a Cristiano Ronaldo. Tres guapas, compuestas y sin novio, lo que vendría a corroborar el viejo refrán de “la suerte de la fea, la guapa la desea”, porque ninguna de ellas dejó a su pareja, sino que fueron los caballeros los que, al parecer y cada caso tendrá su casuística, se cansaron de tanta belleza. Las tres, cada una en su estilo, son mujeres deseables por las que perdería la cabeza cualquiera pero, mira tú por donde, el de casa les hacía poco, o ningún, caso.

Irina Shayk es del modelo bella sin alma que se arrimó a Ronaldo para formar ese binomio guapa-deportista de élite que tan bien queda en las fotos y que siempre deja una ligera sospecha de montaje. En todo caso, la rusa y el portugués pasaron oficialmente cinco años juntos sin que se sepa muy bien no solo en qué idioma hablaron (ella habla un inglés muy limitado y él, apenas lo chapurrea) sino principalmente, si hablaron. Igual no les hacía falta, que es lo más seguro. La cuestión es que, un buen día, Irina dejó a Ronaldo porque se enteró de que no le había sido fiel y se lo había montado con otras chicas. Oportunidades no le debían faltar a un muchacho a quien la testosterona le sale por las orejas y cuya novia oficial iba y venía de pasarela en pasarela. A Ronaldo, Irina le debía saber a poco porque, si hacemos caso de la leyenda, las rusas son muy guapas y también muy frías o, ¿lo qué es frío es el país? En todo caso, a la bella Irina su novio Ronaldo le puso los cuernos y ella se apartó de él, explicando que lo que buscaba ahora era “un hombre leal”, que no sería lo mismo que un “hombre fiel” de lo que se desprende que, a lo mejor, a Irina no le fastidió que el futbolista se lo montara con otras sino que hiciera ostentación de sus conquistas y le faltara al respeto. Suele pasar. Ahora, Irina mantiene un idilio con el actor Bradley Cooper, que tampoco sería como para estar tranquila.

Los actores, ya se sabe, son muy volubles y los rodajes muy peligrosos, si no que se lo pregunten a la espectacular Charlize Theron que ha tenido que dejar a Sean Penn, más bien feo y bajito pero morbosillo él, tras enterarse de que había tenido un lío con su doble, con la de ella, claro. Fleur van Eden, de 30 años, (diez menos que Charlize y veinticuatro menos que Sean) ejercía como doble de la actriz en la película 'The last face' que dirigía Sean Penn y protagonizaba Charlize Theron y no solo la sustituyó en las pruebas de rodaje sino también por la noche en la cama, bueno en realidad fue en una tienda de campaña ya que Fleur explicó a una revista estadounidense que había congeniado con Sean después de que él le leyera unos poemas junto al fuego de la acampada donde descansaba el equipo de rodaje. Charlize no tiene suerte en el amor y sin embargo, Sean Penn, a lo tonto a lo tonto, ya ha estado casado con Madonna y con Robin Wrigth.

Otros que también ligan mucho son los fotógrafos de moda, sobre todo con modelos y sobre todo los italianos. Marco Severini es fotógrafo e italiano y aún es el marido de la  modelo Nieves Álvarez aunque la pareja está oficialmente separada. Veinte años juntos, doce casados y tres hijos no han sido suficientes. En las últimas fotos del matrimonio, Marco siempre aparece sonriente y Nieves, más triste, seria y profunda de lo habitual en ella, porque la señora nunca ha sido la alegría de la huerta; es de esas modelos que tienen que poner mirada intensa para parecer inteligentes. Que no digo que Nieves no lo sea, por Dios. Ninguna bella, que haga de su apariencia un oficio, necesita demostrar inteligencia en público aunque no existe ninguna evidencia de que ambas cualidades sean incompatibles.

La cuestión es que me tiene preocupada que a las tres bellas citadas, sus respectivas parejas les hayan defraudado tanto como para romper su relación. Pero, como dice una amiga mía, y quién es más amiga mía que yo, no hay que envidiar a las que parecen bien casadas o bien emparejadas: en cualquier momento pueden dejar de serlo.

 

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