Corte y confección

Furor por Michelle Obama

Mariángel Alcàzar
Michelle Obama

30 de junio de 2016, 11:50

No hay duda de que Michelle Obama es una de las mujeres más famosas del mundo. No ha llega a Jackie Kennedy pero, desde luego, ha superado a otras primeras damas estadounidenses. Estos días está en Madrid y, a pesar de las extremas medidas de seguridad, sus fans se reunieron en los aledaños de la embajada de Estados Unidos, en los del Museo del Prado y junto al antiguo matadero municipal de Madrid para verla todo lo cerca que permitían los del Servicio Secreto, esos armarios roperos hechos hombre que se encargan de la seguridad de la familia presidencial. La Michellemanía se desató en Madrid, aunque muy pocos de los que la quisieron ver de cerca lo lograron.

Michelle Obama está a punto de dejar de ser la primera dama de Estados Unidos ya que antes de que acabe el año tendrán lugar las elecciones presidenciales y, a primeros de enero, otro inquilino o inquilina se instalará en la Casa Blanca. Hillary Clinton, si logra ganar a Donald Trump, regresará como titular después de haber sido consorte y Hill Clinton será el primer presidente de EEUU que tendrá que hacer las funciones de primera dama y eso sí es gordo, porque como se sabe los caballeros no están preparados para ocuparse de los asuntos sin importancia.

Por que mal que les pese a algunas mujeres casadas con reyes, presidentes o altos cargos, en general, no les toca más remedio que seguir su estela y encargarse de temas durante tiempo considerados menores. El estatus de primera dama, precisamente, se creó en Estados Unidos para dar un papel oficial a las esposas de los presidentes.

Viene todo esto al caso de la presencia en España de Michelle Obama, un pedazo de mujer, por lo alta y por lo que bien que ha aprovechado su paso por la Casa Blanca, que está pasando unos días en España. Después de Jackie Kennedy y su glamur, pasaron por la residencia presidencial varias primeras damas más o menos convencionales hasta que llegó Hillary Clinton que, como se ha comprobado con los años, tenía más ambiciones políticas que la de apoyar el trabajo de su marido.

Hillary intervino en muchas de las decisiones de su marido, como la de lograr establecer un sistema de sanidad público, pero pasará a la historia como la mujer que tragó, perdón, con lo que se tragó Mónica Lewinsky, la becaria más famosa de la historia encargada de los bajos del presidente Clinton.

Michelle es otra cosa y a pesar de ser una brillante abogada ha logrado en los años que ha pasado en la Casa Blanca conseguir una actividad paralela a la de su marido sin que le haya querido hacer sombra, ni le ha fastidiado por su exceso de protagonismo. La esposa de Obama ha venido a España para promover su campaña a favor de la escolarización de las niñas en países en los se las aparta de la escuela para que realicen tareas domésticas o se sometan a matrimonios tempranos.

Michelle Obama se ha involucrado también en conseguir que en Estados Unidos no se hinchen a hamburguesas y patatas fritas y que de vez en cuando tomen frutas y verduras y otras causas sociales, como la de promover el deporte, que la han convertido en una estrella porque no hace ascos a salir en los programas de televisión haciendo cualquier cosa, como bailar o cantar. Todo un personajes esa Michelle que viaja por el mundo con sus dos hijas, Malia y Sasha, dos adolescentes zangolotinas, y su madre, Marian Robinson, la primera suegra que se ha instalado en la Casa Blanca y que lo ha hecho para convivir con sus nietas y evitar que estuvieran rodeadas de criados y niñeras que les mimaran más de la cuenta.

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