Corte y confección

En la Casa de Alba no entra el amor

Mariángel Alcàzar
Cayetano y Eugenia

3 de septiembre de 2015, 09:17

Se veía venir, lo de Eugenia Martínez-Irujo y José Coronado fue, como diría Joaquín Sabina, un “hola y adiós”. Ya nos extrañamos hace unos días de que la duquesita de Montoro prefiriera pasar su palmito (esquelético, eso sí) por Marbella y por Ibiza, antes de pasar calor en Madrid esperando a que su actor preferido la hiciera sudar aún más. Sinceramente, Coronado, como dicen todas sus ex, es un buen amante pero con fecha de caducidad, vamos de los de arrancada de caballo y parada de burro, pero estando como estaban en las primeras fases del idilio, extrañaba y mucho que la pareja, por más trabajo que él tuviera, pasaran el verano cada uno por su lado.

Claro que estamos viendo el asunto desde un ángulo machista y, quizá, por primera vez en la vida, Coronado ha encontrado a una mujer que le ha dejado antes de ser dejada. Finalmente, Eugenia, que estuvo casada con Fran Rivera, torero dentro y fuera del ruedo, está ya escaldada y detecta un infiel a la legua. Algunas en su lugar, sin embargo, hubieran estirado más el tema porque del actor, como de todo buen cerdo, se puede aprovechar todo y no es cuestión de renunciar ni a uno solo de los minutos que tenías adjudicados. Sea como sea, el idilio de Eugenia Martínez y José Coronado ha sido corto y cabe esperar que, al menos haya sido intenso y, como diría quien mejor se lo haya pasado, que le quiten lo bailao.

El final de la relación la duquesa de Montoro y el galán Coronado coincide con la ruptura sentimental de Cayetano Martínez-Irujo y la nadadora Melanie Costa, lo que vendría a demostrar que los hijos de la duquesa de Alba están malditos en el terreno amoroso. Todos, menos Jacobo felizmente casado con la periodista Inka Martí, están desparejados. El mayor, Carlos, se casó en 1988, a punto de cumplir 40 años, con Matilde Solís, una mujer frágil con la que tuvo dos hijos antes de divorciarse diez años después de la boda. El actual duque de Alba es un partidazo, por su patrimonio, su señorío y porque, no nos engañemos, ser duquesa de Alba, aunque sea consorte, es un caramelo, pero no hay  novia a la vista, aunque algunas, como Palomita Segrelles, se pasen el verano en Sotogrande haciéndose las encontradizas.

Alfonso, el segundo hijo de Cayetana de Alba, también está libre, al menos legalmente, tras divorciarse hace ya más de veinte años de María de Hohenlohe con quien tuvo dos hijos que ya le han hecho abuelo. Alfonso, duque de Híjar, el más discreto de los hermanos, ha tenido algunas novias pero nunca ha pensado en volver a casarse.

Jacobo, el tercero de los hermanos, se casó en su juventud con María Eugenia Fernández de Castro de quien, tras tener dos hijos, se divorció y, posteriormente, estableció una relación amorosa con una joven de nacionalidad alemana. Hace diez años se casó con la periodista catalana Inka Martí con quien dirige una editorial que tiene la sede en un pueblo de Girona.

Fernando, marqués de San Vicente del Barco, sigue tan soltero como cuando se convirtió en el cuarto hijo de la duquesa de Alba, por lo que podría ya decirse que es un solterón.

Cayetano, el más conocido, fue prácticamente obligado por su madre a casarse con Genoveva Casanova, una joven mexicana que se había quedado embarazada y había dado a luz gemelos fruto de una breve relación con el jinete y aristócrata. La pareja duró poco y Genoveva, como se sabe, fue en busca de otro novio conocido, lo intentó con Gonzalo Vargas Llosa, el hijo del actual novio de Isabel Preysler, y por fin, parece haberlo conseguido, con José María Michavilla, ex ministro de Aznar, viudo con cinco hijos y, también, cotizado abogado. Cayetano Martínez-Irujo ha tenido muchas novias pero todas le han durado poco, pero su última relación con la nadadora Melanie Costa parecía tener futuro; se les veía enamorados y, a pesar de que les separaban casi treinta años, hacían buena pareja. No ha podido ser y de nuevo, el amor ha salido de la Casa de Alba.

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