Corte y confección

El Rey es el jefe, pero doña Sofía es la matriarca

Mariángel Alcàzar
Froilán y Miguel Urdangarin

1 de agosto de 2015, 10:27

No están todos pero casi. El palacio de Marivent es estos días el escenario de la primera parte de las vacaciones de los Reyes, las oficiales, antes de escaparse a otro lugar para disfrutar de un tiempo privado como hacían cuando aún eran Príncipes. Ahora don Felipe es el jefe, pero su madre, la reina Sofía sigue ejerciendo como matriarca y, sobre todo de  abuela, amparando bajo sus alas protectoras a todos sus nietos, con especial cuidado y dedicación a los hermanos Urdangarin, cuyos padres, como se sabe, no son bien recibidos en la residencia real. Malos tiempos para los que fueron duques de Palma y que, ahora, solo pueden viajar a la ciudad para acudir a los juzgados. El escenario de sus mejores veranos, en los que era habitual verlos en las regatas o disfrutando de los paseos en yate rumbo a Cabrera, ya solo es el lugar de sus pesadillas.

La reina Sofía ha logrado reunir a todos sus nietos, incluidas, Leonor y Sofía, las dos hijas de los Reyes, aunque solo hayan sido unos días, antes de que los hijos de la infanta Cristina abandonen Marivent para reunirse con sus padres que, estos días, han sido vistos en el Valle de Arán en compañía de Ana, la hermana mayor de Iñaki, y su marido. Los plácidos de veranos que precedieron al estallido del caso Nóos forman ya parte de la historia y de un tiempo que ya no volverá.

Reuniendo a sus nietos, doña Sofía intenta paliar los efectos de la ruptura familiar provocada no solo por las consecuencias de los negocios fallidos de Iñaki Urdangarin sino, sobre todo, por la actitud de Cristina de Borbón, enrocada en la defensa numantina de su marido y en la de su posición como infanta. Agua pasada no mueve molino pero cuánto mejor le hubiera ido si, hace ya algunos años, hubiera dado un paso atrás para que su familia hubiera podido seguir adelante con los mismos problemas pero con mayor dignidad.

En estos últimos días se ha podido ver en Mallorca la imagen de los hijos de la infanta Elena y la infanta Cristina compartiendo juegos y confidencias bajo el paraguas de su abuela Sofía. Felipe, antes conocido como Froilán, es ya un hombrecito y no se ha inscrito en los cursos de vela en los que han participado su hermana Victoria y sus primos Urdangarin pero sí ha estado con ellos manteniendo la complicidad que alimentaron tanto Elena como Cristina que siempre quisieron que sus hijos se criaran juntos o, que al menos, pasaran juntos sus vacaciones. Solo la infanta Elena es testigo de la unión de sus hijos con sus sobrinos, mientras su hermana tiene que seguir las actividades desde lejos.

Elena, divorciada desde hace seis años y separada desde hace ocho, es quien mejor ha llevado la situación familiar: se lleva bien con todo el mundo pero hace su vida. Su matrimonio con Jaime de Marichalar la ayudó a encontrarse a sí misma y cuando lo consiguió decidió volar sola. Sigue trabajando en la Fundación Mapfre, se refugia en su afición por la hípica y se reparte con su ex marido el cuidado y la custodia de sus dos hijos, contenta ahora de que Felipe haya superado su época de rebeldía y de que Victoria vaya dibujando su aire de adolescente dulce y espabilada. La infanta Elena no parece tener problemas y es, ahora, la fiel acompañante de su padre y la leal confidente de su madre, aceptando su papel de secundaria como familia directa del Rey pero sin pertenecer ya a la familia real.

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