Corte y confección

El amante de Lady Di vuelve a la carga

Mariángel Alcàzar
James Hewitt el amante de Lady Di

10 de noviembre de 2015, 12:09

Cuentan las leyendas urbanas que los muertos más famosos siguen vivos y que en alguna isla perdida conviven Elvis Presley, Marilyn Monroe, Michael Jackson, James Dean y, como no, Diana de Gales. Todos murieron antes de tiempo y sus admiradores prefieren creer que decidieron esconderse para siempre, algunos deformados, otros simplemente cansados de la fama. Desgraciadamente todos están muertos y bien muertos, aunque mal enterrados a juzgar por las veces que se echa mano de ellos para revitalizar, y nunca peor dicho, su memoria.

Diana Spencer solo vivió 36 años, de los que 16 los pasó como princesa: doce casada con Carlos de Gales y cuatro, perdida en su propia fama. Ahora se cumplen 20 años de la emisión de la entrevista que revolucionó la familia real británica y, de paso, al resto de casas reales de Europa. Por primera vez, una princesa, aunque ya llevaba tres años separada, reconocía haberse sido infiel a su marido, al tiempo que confirmaba que Carlos de Gales y Camilla Parker formaban un matrimonio de hecho, mucho más sólido que el ella mantenía con el heredero británico. Nada se sabe del asesor que aconsejó a Diana presentarse cabizbaja, maquillada con los ojos rodeados de pintura negra, y admitiendo que no era solo una mujer engañada pero siempre justificando sus deslices en lo sola que la había dejado el príncipe Carlos.

Aunque más que de él, Diana habló de su traición al hacer pública la relación que mantuvieron, todo el mundo supo que quien le había hecho cariñitos era el capitán del ejército James Hewitt, un militar pelirrojo a quien conoció en 1987 en casa de unos amigos comunes y a quien, más tarde y seguramente con la intención de tenerlo cerca, le asignó la tarea de ejercer de profesor de hípica para ella y sus hijos los príncipes Guillermo y Enrique. Se lo pasaron muy bien montando a caballo e incluso sin caballo, de modo que la amistad fue a más y mantuvieron una relación amorosa hasta 1991. La manejable y, al mismo tiempo manipuladora Diana, quedó prendada del apuesto galán y cuando él, como miembro del ejército británico, fue destinado en 1990 a la guerra del Golfo, y Diana, cual quinceañera enamorada le fue mandando cartas que el ardiente guerrero se guardó convenientemente.

Las cartas de Diana a Hewitt han dado mucho de si. El militar, que acabó expulsado del ejército, empezó a contar su historia en 1994, cuando ya habían pasado dos años desde la separación de Diana y Carlos que se anunció en 1992, aunque ya los tabloides habían hablado de él en los últimos meses del matrimonio de Carlos y Diana. Hewitt contó a los tabloides británicos que, cuando la conoció, Diana era una mujer triste a la que le faltaba amor y, durante meses, abasteció de cotilleos, a cambio de dinero, a los libros que se escribieron sobre la Diana, principalmente el titulado “La princesa enamorada”, que firmó Anna Pasternak, otra de las novias de James Hewitt. Todos los amigos de Diana negaron que se hubiera liado con el capitán pero todos quedaron como mentirosos cuando la propia Diana lo confirmó al lamentarse de su traición. La pobre, como se ve, no solo no tenía buen ojo al escoger a los hombres: tampoco manejaba muy bien sus asuntos.

Diana murió, pero Hewitt ha seguido viviendo de ella. Lo más truculento fue aprovecharse de su evidente parecido físico con el príncipe Enrique, ambos pelirrojos y pecosos, lo que dio pie a pensar que era hijo suyo. Hewitt lo negó, con la boca pequeña, diciendo que cuando conoció a Diana, el niño ya había nacido lo que, al parecer, es cierto. En cualquier caso parece ser que, hace algunos años, los reporteros de un diario sensacionalista británico se hicieron con el vaso en que el príncipe Enrique había bebido en una discoteca con la intención de comparar su ADN con el de Hewitt pero éste, a pesar del dineral que le ofrecieron solo por prestarse al juego, negó cualquier posibilidad.

En cualquier caso, coincidiendo con que van a cumplirse veinte años de la emisión de la entrevista en la que Diana reprochándole la traición acabó por admitir que Hewitt fue su amante, el exmilitar ha vuelto a negociar con alguna de las cartas que le envió Diana, al parecer las más inocentes. Cuentan los tabloides británicos que James Hewitt, que ahora tiene 57 años, está arruinado y que las misivas que aún conserva de Diana son una especie de plan de pensiones que le reporta unos beneficios cuando los precisa.

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