Corte y confección

Edmundo Arrocet vuelve a casa … o no

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22 de junio de 2017, 14:07

Vivo sin vivir en mí, pendiente del encuentro de Edmundo, Bigote y Barba, Arrocet, con la convaleciente María Teresa Campos, quien, últimamente, no gana para sustos. Tras el paso del humorista por Supervivientes y el paso de la presentadora por el hospital, tendrán muchas cosas que contarse, como se ve desde que las Campos decidieron grabar su propio docureality no paran de pasarles cosas, quizá así puedan argumentar nuevas entregas. O, mejor aún, María Teresa y Edmundo podrían protagonizar uno del estilo 'La casa de mis sueños', el programa que emite Divinity presentado por los gemelos Drew y Jonathan Scott, y así rentabilizar la que sin duda va a ser su principal trabajo en los próximos meses: vender la mega mansión de la estrella, liquidar lo tenga que liquidarse y buscar una casa de dimensiones humanas.

Espero que Bigote y María Teresa nos amenicen la entrada del verano y aporten nuevas tramas al panorama social, últimamente copado por los “Bustapaula”, esa parejita que, entre sus muchas características está la de que tener unos apellidos larguísimos y pegados al nombre de tal manera que no se puede prescindir de ninguno y se te hace eterno hablar de ellos. Ya decía yo que lo de la comunión de la niña era un número más del show y aunque los vestidos de Rosa Clará que lució la niña eran ideales de todo punto, ¿no es un poco exagerado que una niña estrene dos trajes de comunión?. Claro que la moda de llevar dos vestidos de novia, uno para la ceremonia y el banquete y otro para la fiesta, empezó precisamente con Paula Echevarría. Pero su miniyo qué culpa tiene de que su madre se gane la vida, muy bien por cierto, como imagen de diferentes firmas e influencer de moda. Todo un despropósito de primera comunión que, sin embargo, ha logrado que a Bustamante, a pesar de su gesto hosco, se le reconozca su posición de hombre abandonado y que Paula, a pesar de su sonrisa, no pueda ocultar estar calentando motores para ampliar fronteras y escalar posiciones. Vamos que ahora que ella es, o se cree, una grande, Bustamante se le ha quedado pequeño.

Paula Echevarría se ha hecho mayor y ahí está, en su horizonte, ser una Preysler, pero sabe que no lo conseguirá con un marido como Bustamante, muy majo y muy buena persona, sin duda, pero con el pelo de la dehesa aún a la vista y por eso va haciendo pruebas en otros ambientes que ella cree más sofisticados y cosmopolitas, aunque debería tener cuidado porque hay mucho farsante suelto. Paula tiene claro que estos años, los próximos que cumpla serán ya 40, son fundamentales para seguir en la brecha o ser sustituida por otra nueva cara con más cara, si cabe, que ella. Una vez comulgada la niña y cumplida la misión de poner de moda los dos trajes de comunión, que anuncien de una vez la separación y que dejen paso a otros tipos de interés.

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