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Diana de Gales que estás en los cielos

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4 de junio de 2017, 11:45

Uno de los motivos de leer y volver a leer, hasta sabértelo de memoria, el especial "Lecturas. Cien años del corazón", que la revista ha sacado a los quioscos con motivo de su primer centenario, es comprobar lo mucho que algunos personajes han influido en esa historia pequeña, o quizá no tanto, del mundo de las celebridades. Vas pasando las páginas y te pasa lo que al niño de "El sexto sentido", que sigues sintiéndolos vivos y resulta que están muertos y la mayoría de veces no te lo parece.

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Ya no está en el mundo Lady Diana Spencer, cuyas fotos en mallas en un gimnasio londinense parecen hechas ayer mismo y son del año 1993, hace nada menos que 24 años. Le faltaban solo cuatro para morir de una forma tan absurda que todavía te preguntas por qué Dodi Al Fayed la obligó a salir del Ritz de París en dirección a su apartamento, para huir de los paparazzi que hacían guardia en la puerta, cuando podían haberse quedado a dormir en el hotel y quien sabe si todavía ambos dos estarían vivos. Un cúmulo de circunstancias adversas, como se ha comprobado recientemente, se sumaron hasta llegar al desastre. Dodi, un caprichoso play boy y un pusilánime, además, se vio empujado por su padre, un arribista deseoso de ser aceptado por los aristócratas británicos, a cortejar a Diana, a quien le encantaba que la adorasen. Llegado el momento París, a finales de agosto, cuando la princesa ya empezaba a cansarse de las atenciones desmesuradas de los Al Fayed no debió aceptar nunca salir huyendo del Ritz y eso que no sabía que Henri Pau, el chófer, estaba borracho y drogado, ni que el Mercedes era pura chatarra. Como en la mayoría de las ocasiones, una cadena de errores acabó con su vida.
La vida de Diana el 31 de agosto de 1997, hace ya casi veinte años, pero en las páginas del especial "Lecturas", sigue viva dándole a la báscula de musculación sin advertir que un empleado del gimnasio había colocado una cámara en el texto que la estaba grabando. Otra imprudencia aunque menor que la de fiarse de Dodi Al Fayed, puesto que Diana podía perfectamente haber instalado un gimnasio en una de las alas de Kensington Palace, donde vivía entonces, tras separarse de Carlos, y donde ahora viven sus hijos, Guillermo, con Catalina, y Enrique.
Diana es uno de los grandes iconos del siglo XX, pero no llegó a emular a Grace Kelly y Jackie Kennedy, mujeres que impusieron un estilo que sigue copiándose y que sigue siendo sinónimo de elegancia como se puede comprobar en las páginas del especial "Lecturas". No sé quien ocupará las páginas del número que conmemore los doscientos años de la revista, pero sí que pocos de los que ahora se creen famosos e influyentes deberían empezar a pensar en como hacer trascendentes sus vidas.

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