Corte y confección

David Bustamante y Paula Echevarría, el show interminable

Paula Echevarría David Bustamante
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17 de junio de 2017, 10:58

A Daniella Bustamante Echevarría sus padres en vez de una Comunión, le han montado un reality show. No es normal que una celebración familiar y, además religiosa, se haya acabado convirtiendo en un espectáculo a base de calentar motores y generar tanto morbo que lo de menos es que una niña reciba el sacramento sino la actuación de sus padres. La parejita lleva ya varias semanas jugando al ratón y el gato, haciéndose los dignos presumiendo de su decisión de no hablar de su separación y, sin embargo, alimentando la bestia de la curiosidad pública. Si lo que de verdad les interesa es la felicidad de su hija, mejor les hubiera ido confirmando la separación matrimonial, normalizando la nueva situación familiar y haciendo a la niña protagonista de su día y no secundaria de una nueva representación de los padres. Si deplorable es que algunos padres celebren las comuniones de sus hijos como si fueran bodas, lo de Paula y David utilizando a su hija sin haber aclarado aún su situación es aún peor.


El matrimonio de David y Paula llevaba ya algunos años viviendo por y para el escaparate, un negocio que sostenía sus carreras como cantante y actriz e influencer, respectivamente, pero la situación no pudo alargarse más. Hace tres meses, la pareja dejó de vivir en la misma casa pero aún les conviene jugar a hacerse los interesantes para seguir manteniendo el foco sobre sus personas. Lo curioso del caso es que desde que ya no viven juntos Paula, mucho más cerebral que David, ha visto aumentar sus contratos publicitarios mientras el cantante, a quien le cuesta mantener la calma, no logra remontar su carrera musical.


En realidad su comportamiento responde al contenido de un acuerdo de confidencialidad que hace ya algunos años, cuando pensaron por primera vez en separarse, firmaron David y Paula, para obligarse a no hablar de las razones de la ruptura bajo pena de salir perdiendo en el reparto de los bienes al que se dejara llevar por el despecho y empezara a largar del otro. Un acuerdo de este estilo fue el que firmaron en su día Antonio Banderas y Melanie Griffith y en el que la actriz, a cambio d no echar pestes sobre el malagueño que la había abandonado por otra, se aseguró un buen patrimonio y una buena pensión.


Desde el mismo momento de la boda, el 22 de julio de 2006, en el monasterio de Covadonga (Asturias) ya se vio claro que Paula, entonces una más entre los nuevos rostros de aspirantes a actrices, estaba encantada de iluminarse con el foco que David llevaba consigo desde el éxito de 'Operación Triunfo'. La pareja, según confesaron ellos mismos, empezó a convivir nueve meses antes de la boda y solo una semana después de conocerse en Lanzarote, donde él daba un concierto y ella participaba en un reportaje; fue un flechazo que juntó el hambre con las ganas de comer. Ella necesita la fama de él y él, gracias precisamente a su popularidad, pudo ligar con aquella chica lo que ni en sus mejores sueños hubiera imaginado cuando cantaba subido a los andamios mientras trabajaba como albañil en su Cantabria natal. Se casaron enamorados, o algo parecido, tuvieron una hija y cuando, hacia 2011, se dieron cuenta de que lo suyo se había acabado también comprendieron que debían continuar estirando el chiclé de su felicidad familiar en el que se sustentaba sus negocios. Así han seguido hasta este mismo año y aunque han tenido tiempo para escribir un final a su medida, llegado el momento se han hecho un lío y la prueba es el espectáculo en el que se ha convertido la comunión de la niña.

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