Corte y confección

El Cordobés no engaña

Cordobés

9 de marzo de 2017, 10:55

Después de más de 40 años negando la mayor, ahora resulta que el mítico torero Manuel Benítez, El Cordobés, superados los 80, divorciado de su mujer y emparejado con la hija de su antiguo picador de su cuadrilla, se ha puesto blandito y ha decidido aceptar no solo la paternidad de Manuel Díaz, que también torea con el sobrenombre de 'El Cordobés', sino incluso se ha mostrado dispuesto a conocer a su nieta Alba, hija también de Vicky Martín Berrocal, aunque no ha dicho nada de los dos hijos que Manuel Díaz ha tenido con Virgina Troconis que también son sus nietos.

El Cordobés, senior y el padre de Vicky, el ganadero José Luis Martín Berrocal, eran amigos de toda la vida y el segundo intentó mediar con el primero para que su yerno cumpliera su deseo de conocer y tratar a su padre. El ganadero murió sin poder cumplir su objetivo y 'El Cordobés', junior, se divorció de Vicky, pero la historia como se ve no se ha cerrado. Lo curioso del caso es que ha sido el divorcio del viejo torero y Martina Fraysse el desencadenante del intento de reconciliación familiar después, eso sí, de que el torero joven lograra demostrar ante los Tribunales tras décadas de lucha que era hijo biológico de su padre, tal como su madre le había dicho.

De todos los protagonistas de esta historia, el verdadero héroe es Manuel Díaz que ha pasado toda la vida intentado demostrar que el viejo torero era su padre y sobre todo cuidando del honor de su madre, seducida y abandonada por el diestro en unos tiempos en los que él estaba en la cima del éxito y siguiendo las reglas de machismo imperante se desentendió de todo con mil duros y un reloj. Era lo que se llevaba entonces y quizá se sigue llevando, aunque las mujeres son menos ingenuas y, sobre todo, hay mayor conocimiento y acceso a los medios contraceptivos. La madre de Manuel Díaz trabajaba de sirvienta en casa de unos amigos de 'El Cordobés' y es fácil imaginar lo que pasó e incluso aceptar que la muchacha pensó que quizá aquel torero, bruto y noble, le iba a solucionar la vida.

Cuando una mujer quiere tener una trampa a un hombre utilizando un embarazo, la mayoría de las veces se la tiende a sí misma y no siempre le sale bien, pero en aquellos tiempos era mayor la indefensión y el asunto era mucho más arriesgado que ahora, cuando toda listilla que se precie sabe para que están los tribunales y las pruebas de ADN. Los hombres no han avanzado tanto y ni antes, ni ahora, cuando actúan con chulería y sentido de propiedad y, sobre todo, con la urgencia de cumplir sus deseos al grito de ya, casi ninguno piensa en tomar medidas para evitar posibles embarazos. En cualquier caso, ellos y ellas son unos irresponsables y la víctima siempre es el hijo engendrado, tanto si es fruto del interés o de la inconsciencia.

El caso de Manuel Díaz siempre ha despertado ternura por su nobleza y humildad. Merece ese encuentro con su padre y la reconciliación por todo lo que ha luchado por ella, pero el que más gana ahora es el viejo torero que ha negado a su hijo, le ha despreciado, desoyendo todos los intentos de mediación y ahora, a las puertas del último tramo de su vida quiere redimirse. Nunca es tarde, pero la trayectoria vital de 'El Cordobés' hijo es impecable y generosa y la del padre es fruto de su egoísmo e ignorancia, por más que ahora se haga el bueno.

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