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A Cayetano Martínez de Irujo no le sienta bien la fama

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Cayetano Martínez de Irujo

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2 de diciembre de 2017, 13:07 | Actualizado a

Cayetano Martínez de Irujo Fitz-James Stuart era, dicen, el hijo predilecto de la duquesa de Alba y sigue siendo el más conocido de entre sus hermanos, incluida Eugenia, quien, tras la muerte de su madre, ha sabido encontrar su lugar en el mundo lejos de la primer línea de la fama. Cayetano, el que pudo, de habérselo propuesto, casarse con la infanta Elena, no ha sabido aprovechar ni su privilegiada cuna, ni su atractiva figura, ni tan siquiera su cómoda vida de empresario agropecuario. El duque de Arjona y conde de Salvatierra no soporta la presión y estos días anda de bronca con los reporteros que le persiguen para que dé explicaciones de sus actos más nimios tras haberse colocado de nuevo en el foco de los paparazzi. Dos cuestiones le han devuelto a la actualidad: una su desconsuelo en la colocación de una lápida funeraria en memoria de su madre, con discrepancias familiares incluidas, y otra su participación en el Baile de Debutantes en París, seguramente arrastrado por su exesposa, Genoveva Casanova, en el que se puso de largo su hija Amina, una jovencita de 16 años a quien vistieron como si tuviera 30.

El aristócrata no es un jovencito, ya ha cumplido 54 años, pero aún tiene aire de galán y un aspecto saludable que le viene, sin duda, de la práctica del deporte hípico. Siempre fue el hijo más guapo y apuesto de la duquesa de Alba y, en su juventud, fue todo un conquistador pero se fue enredando en amores imposibles, como cuando se enamoró perdidamente de una Mar Flores que solo le quería como escudo social. Desengañado, pero todo un caballero, Cayetano protegió a su amada del escándalo que supuso la aparición de sus fotos en la cama con Alessandro Lequio en una época en la que ella salía con el millonario Fernando Fernández Tapias. Mar Flores no se lo agradeció y cuando superó el episodio, le dejó por otro. Algunas de las mujeres con las que se ha relacionado, le dibujan como un ser sin sentimientos que se refugia en gestos de orgullosa hombría para seguir llevando las riendas pero, por otra parte, cae de bruces ante mujeres más hábiles o manipuladoras que le dejan hecho unos zorros. Conclusión, o es tóxico para sus parejas o sus parejas son tóxicas para él.

La relación con Genoveva Casanova, la madre de sus hijos Amina y Luis, no puede ser más prototípica. Mexicana y rubia, la típica güera pija, buscó, como hacían las mujeres trepas en tiempos de la colonia, un marido español con el que ascender socialmente. Lo encontró, se quedó embarazada, fundamentalmente porque él, consciente o inconscientemente, no puso impedimento, y esperó un compromiso que Cayetano se resistió a asumir hasta que su madre, una vez nacidos los niños, le obligó a casarse. La foto de boda de Cayetano y Genoveva es, sin dudarlo, una de las más tristes entre las que han protagonizado los famosos: parecía que los llevaban al matadero. El matrimonio duró poco, ella se hizo famosa y siguió en busca de un marido con posibles aunque ya le ha fallado la apuesta de Gonzalo Vargas Llosa y la de José María Michavilla, viudo desconsolado, ex ministro y abogado millonario, con el que, a pesar de todos los intentos, no ha llegado a nada. Tiene pues Genoveva que ganarse la vida como puede y si la presentación en sociedad de su hija Amina puede darle publicidad, buena es la ocasión. Lo malo es que Cayetano se ha prestado a ese juego y de nuevo ha salido trasquilado. Su última novia, Bárbara Mirjan, tras el desastroso noviazgo con la nadadora Melani Costa, no parece darle mucho sosiego.

Mantenido por su madre que llegó a vender una tiara de la familia para financiarle la compra de unos caballos, Cayetano vivía en los últimos años en el palacio de Liria pero desalojó sus aposentos cuando su hermano Carlos heredó el título y la residencia. Ahora gestiona una de las fincas que le legó, en vida, la duquesa de Alba, además de promocionar una marca de productos gourmet que llevan el sello de la Casa de Alba. Lo que mejor le vendría a Cayetano es dejar la escena, salir de foco y dedicarse a la vida privada de ese modo, más que su ira más resuelta, hablaríamos de alguna de sus bondades como la de dar cobijo y trabajo a unos refugiados sirios. La fama le sienta mal, señor duque.

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