Corte y confección

Carolina de Mónaco "canta" los 60

Carolina de Mónaco “canta” los 60

24 de enero de 2017, 09:51

Carolina de Mónaco ha cumplido 60 años y lo vivimos como algo extraordinario por el hecho de que es de las pocas, sino la única, celebridad que ha conseguido estar en primer línea de mar desde el mismo día de su nacimiento, el 23 de enero de 1957, hasta la fecha. Le ha pasado de todo, incluida la trágica muerte de su segundo marido, Stéfano Casiraghi, pero tras todas las desgracias ha renacido conservando un estilo que la ha convertido en un mito, una mujer deseada para la media humanidad masculina y modelo a seguir para la otra mitad femenina. No ha habido mujer en las últimas seis décadas que haya conseguido hacerle sombra, ni icono de moda que haya resistido a todas las tendencias.

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La historia de Carolina se enderezó el mismo día en que se murió su madre. La princesa Grace tenía solo 52 años cuando sufrió un grave accidente de coche y a su hija mayor, recién divorciada de Philippe Junot, un playboy quince años mayor que ella que tuvo el valor de ponerle los cuernos, se le pasó de golpe la frivolidad. Carolina de Mónaco dejó de lado a la joven que adoraba ser adorada y maduró de golpe para ocupar el puesto de su madre y sostener a su padre en su dolorosa viudez. Buscó un buen chico, se casó con él y tuvo tres hijos y en esas regresó el luto, tras la muerte de Stéfano en un accidente náutico. Refugiada en la Provenza, la influencia de Carolina quedó clara cuando puso de moda los vestiditos de estampado provenzal que ella compraba en los mercadillos pero el luto pasó y Carolina volvió a Mónaco y a la alta costura para volver a ayudar a su padre, Rainiero, ante la ambigua soltería de su hermano Alberto.

No le debieron faltar pretendientes pero curiosamente solo aceptó el embate de Ernesto de Hannover a quien, curiosamente, había rechazado veinte años atrás. El príncipe alemán y su fortuna y su título le parecieron perfectos a Carolina pasados los 40 cuando pensaba que su hermano se casaría convenientemente y la liberaría por fin de su papel como imagen del Principado. No fue así y, a pesar del nacimiento de Alexandra, la hija en común, Carolina no pudo retirarse a las posesiones alemanas de Ernesto y éste, permanentemente cabreado por el interés que despertaba como consorte, acabó por dejarla sola en Mónaco. Tan rebelde y tan libre, la princesa Carolina no se ha querido divorciar de Ernesto a pesar de que éste ha aparecido en público con otras parejas, entre ellas Simone, una rumana a la que conoció en un bar de alterne.

Carolina se ha refugiado en su imagen de gran dama y no se ha dado por enterada aunque hace ya siete años que no aparece junto a su marido. Ahora lo hace con sus hijos, nueras y nietos, pero no es una madre y abuela al uso pues, en su digna soledad, la princesa sigue siendo la número uno, el sostén de Mónaco incluso después de la enigmática boda de Alberto y Charlene.

P.D. De repente pasan cosas importantes. Mientras nos entretenemos con conspiraciones cortesanas y confirmamos que Toño Sanchís más que el dinero lo que siempre ha envidiado es la fama de Belén Esteban, va y se muere Bimba Bosé, una mujer que logró una vida propia más allá de sus ilustres apellidos. Limpia, carismática, polifacética, inteligente quizá la más natural de toda su familia y un ejemplo de comportamiento y de actitud para todos los hijos y nietos de famosos

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