Corte y confección

Carmencita Martínez-Bordiu, la esclava del amor

Mariángel Alcàzar
carmen martinez bordiu

10 de octubre de 2017, 10:16

Carmen Martínez-Bordiu es ahora una señora que se pone el mundo por montera y que, contrariamente a su amiguísima Isabel Preysler, no cuida nada su imagen. Carmencita fue la niña mimada de la dictadura, como nieta mayor de Franco todo el mundo le hacía la pelota pero, a pesar de vivir entre algodones, desde jovencita quiso liberarse del yugo de las buenas costumbres y con solo 16 años se volvió loca de amor, o loca de lo que fuera, por Jaime Rivera, un jinete que no estaba a la altura de su alcurnia, y también por Fernando de Baviera, un Borbón de segunda fila que, además estaba casado. Se casó con Alfonso de Borbón; se fugó con el anticuario francés Jean Marie Rossi; vivió una etapa sosegada con el interesante arquitecto italiano Roberto Federicci, volvió a casarse con el cantamañanas de José Campos y, finalmente, cayó en brazos de un empresario chatarrero. Cincuenta años, tres maridos y varios novios después, a sus 66 años, se la ha visto de la mano de un joven neozelandés que, al parecer, ejerce de coach emocional. Una nueva campanada de una mujer que, todo hay que decirlo, si siempre ha hecho lo que le ha dado la gana ha sido porque ha tenido la financiación precisa o suficiente cara para lograrla.

No parece que Tim, el chico al que Carmen pasea, sea su nuevo amor sino una mano en la que agarrarse, pero no deja de tener su gracia que a sus años necesite entrenar sus sentimientos para no caer en un desastre emocional. Carmencita, como se la conoció en sus tiempos de nietísima, confesó hace un año, en uno de los programas de Bertín Osborne, que no se había enamorado hasta cumplir los 60 años y lo había hecho de José Miguel Rodríguez, más conocido como El chatarrero, que lejos de ser un apodo con resonancias despectivas es en realidad la fuente de unos ingresos millonarios que transforman al caballero, poco agraciado, por cierto, en todo un adonis.

No sé si es amor lo que la une a Josemi pero mucho le debe necesitar como para aguantar sus desplantes. A veces parece que El Chatarrero hubiera hecho una apuesta con sus amigos al estilo “En la nieta de Franco, mando yo…” y, aunque le ha costado una pasta, lo ha logrado. Ahora parece que al rey de la chatarra se le ha pasado el capricho y aunque le cortó el alquiler del superpiso donde la tenía instalada, aún sigue rondando a Carmen.

Carmen Martínez-Bordiu no ha trabajado en su vida pero tampoco puede decirse que sea una mujer que no se busque la vida. Entre sus exclusivas, algunas rentitas familiares y otras regalías, va tirando, pero nunca he entendido que permitiera que un señor le pusiera un piso como se hacía antiguamente con las amantes. No debía ser por dinero, seguro, porque aunque si vives de rentas y no pones el capital a trabajar te lo puedes comer, no creo que a Carmen le faltara para un alquiler y en cualquier caso, podría vivir con su madre, Carmen Franco, en el inmenso piso de la calle Hermanos Becquer de Madrid o que su hijo Luis Alfonso, casado con la multimillonaria venezolana, Margarita Vargas, le financiara una vivienda. En los últimos tiempos, Carmen más parecía la esclava de El Chatarrero, esperándole como Penélope instalada en su pisazo del barrio de Salamanca. Con lo que ella había sido.

Carmen se ha inventado tantas veces que, al final, resulta ser una superviviente pero siempre dudas entre si es una mujer que vive libremente o caprichosamente.

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