Corte y confección

Borja Thyssen, el pobre niño rico

Borja Thyssen
Gtres

10 de noviembre de 2016, 08:57

Muy bien le tienen que ir las cosas a Borja Thyssen para que Hacienda no acabe soplándose más de un millón de euros que le pide por haber dejado de pagar alrededor de la mitad, lo que le correspondía por los ingresos obtenidos en 2007, año en el que se olvidó presentar la declaración de la renta por su supuesta residencia en Andorra. El problema es que ese año se casó en España con Blanca Cuesta, en una doble boda, la primera en una ceremonia nocturna en la catedral de Terrassa (Barcelona) y la segunda, una celebración en una finca de Cabanillas (Segovia), un evento que comercializaron a través de una exclusiva por la que cobraron una suculenta suma a través de una empresa domiciliada en Las Vegas (EE.UU) que eso, sí, les ingresaron en la cuenta corriente de un banco andorrano. Para que luego digan que el muchacho no trabaja, con la de faena que le tuvo que dar crear ese entramado para ahorrarse el pago de impuestos en España.

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Desde el pasado septiembre, Borja, que tiene nacionalidad suiza, su mujer, Blanca, y sus tres hijos, Sasha, Eric, Enzo y Kala, viven en Londres y esta vez la residencia oficial coincide con la real, puesto que desde hace varios meses no se les ve el pelo por España. Lo de la residencia en Andorra fue una ficción que desmentía su presencia constante en Madrid, Barcelona e Ibiza y su aparición, semana sí, semana también, en las revistas. A Borja le han pillado por su servicio de seguridad ya que se ha podido demostrar que los guardaespaldas contratados ejercían su trabajo en territorio español y que, por tanto, el presunto defraudador andaba cerca.

A Borja Thyssen, nacido en 1981 de la relación de su madre, entonces aún Carmen Cervera, con el publicista Manuel Segura, le cambió su vida cuando el barón Thyssen se convirtió en su padre adoptivo, una extraña maniobra considerando que su padre biológico siguió, y sigue, presente en su vida pero que, sin duda, fue muy beneficiosa para el chaval que, con los años, se convirtió en uno de los herederos del marido de su madre. El niño Borja fue criado por su abuela, Carmen Fernández de la Cuesta, feliz como una perdiz por haber conseguido, por fin, que todo lo que le enseñó a su hija en lo relativo a la caza de un buen partido, le hubiera servido para convertirse en baronesa. Pero aquel niño, que lo tenía todo y podría haberse formado con los mejores profesores y en los mejores colegios, se convirtió en un joven zangolotino, un nini multimillonario cuya única actividad era seguir a su madre hasta que Blanca Cuesta se cruzó en su vida.

Al principio, la baronesa alentó la relación de Borja y Blanca, que se convirtieron en los escuderos de su viudez pero todo cambió cuando Borja se quiso casar con Blanca y la baronesa puso el grito en el cielo acusando a la novia de todo lo que se le ocurrió, incluido el oscuro episodio en el que pidió pruebas de que los hijos que parió Blanca fueran también de Borja. Pero el dinero todo lo puede y Borja y Blanca acabaron reconciliados con la baronesa, aunque esta, quizá aburrida y sola, decidiera aumentar la familia con dos hijas niñas de un vientre de alquiler lo que reducía a un tercio la futura herencia de su hijo mayor. Para complicar el culebrón, Borja jamás ha sido visto en público con sus hermanas que, además, se le parecen como si fueran sus hijas.

Borja nunca ha tenido un trabajo conocido y siempre ha vivido de sus rentas. No le ha costado absolutamente nada ganar el dinero que tiene por lo que aún tiene más delito que, encima, intente ahorrarse lo que debe pagar a Hacienda

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