Corte y confección

Borja Thyssen y el amor al arte

Carmen Cervera Borja Thyssen
Tita y Borja

10 de diciembre de 2016, 18:23

Borja Thyssen tiene problemas de dinero, por sus deudas con Hacienda, pero a última hora ha retirado de una subasta un cuadro de Goya. Y no lo ha hecho por amor al arte, así que habrá que seguirle la pista al asunto para saber dónde acaba la pintura. El hijo de la baronesa y del publicista Manolo Segura, al que el barón Thyssen dio sus apellidos, parte de su herencia y algunos regalitos como la citada pintura de Goya, ha tenido suerte en la vida. Si por fortuna se considera que tu madre se case con un millonario y eso te asegure unas rentas para toda la vida sin dar palo al agua. Más allá de ir cambiando de residencia, pero no en busca de su lugar en el mundo, sino del lugar del mundo en el que las leyes de Hacienda le sean más favorables.

Hay parados y pensionistas que no tienen más remedio que hacer malabares para que sus exiguas pensiones les den para mantenerse. Por eso, aún resultan más vergonzosos los trucos que intentan algunos millonarios para librarse de los impuestos: todos tienen su justificación, siendo la mejor de todas la del disfraz de hormigas tras el que se ocultan auténticas cigarrras. Un futbolista de éxito, y no me gusta señalar, es capaz de esconder en una isla una hucha llena a reventar de millones de euros. Unos ahorrillos para cuando ya no tenga tanto éxito y, al mismo tiempo, para derrochar en mansiones de miles de metros cuadrados en las que tienen que utilizar el GPS; comprarse coches que pueden ponerse a 300 por hora (cuando la velocidad máxima es de 120) o colgarse relojes de precios astronómicos (y llegar siempre tarde). Por no hablar de algunos artistas que guardan lo que ganan hoy en cuentas en el extranjero por si mañana no tienen trabajo, y lo hacen precisamente los que llevan 20 años con la misma serie.

A Carmen Cervera, la noticia de que su hijo Borja Thyssen había decidido retirar de la subasta de Christie's el cuadro de Goya por el que pensaba obtener entre 5 y 8 millones de euros, le pilló en Andorra, donde vive ahora con sus gemelas Carmen y Sabida, mientras Borja, su mujer Blanca Cuesta y sus cuatro hijos –Sasha, Eric, Enzo y Kala– viven en Londres. Las ventajas fiscales les han empujado al exilio. Para que luego digan que los ricos, principalmente los rentistas, no se sacrifican. Prefieren ir de la Ceca a la Meca para ahorrarse impuestos, como los que van del Lidl a Mercadona buscando el yogur más barato.

Carmen Cervera, al menos tuvo que currárselo y, en sus primeros treinta y tantos años de vida, pasó de vivir en mansiones a tener que pedir prestado dinero, ropa y joyas para acudir a su primera cita con el barón Thyssen. Una inversión que le dio buenísimos resultados a las tres T: la propia Tita y sus amigos Tato y Tito, que la ayudaron en la conquista del 'monte Thyssen'. La baronesa, es cierto que había estado casada con el actor Lex Barker e incluso mantuvo una relación con un multimillonario productor de Hollywood, pero luego perdió la cabeza por Espartaco Santoni y casi se convierte en una starlette de segunda. Si no es porque sus amigos Tato Escayola y Tito Parés, que la sacaron del pozo y le allanaron el camino para llegar hasta el barón Thyssen. Carmen, con todas sus estrategias extrañas, se lo curró mucho para ser millonaria. Y cuando se tiene tanto, puedes hasta reírte –a bordo del Rolls Royce– de los que piensen, digan o escriban que el dinero no da la felicidad. No me imagino al joven Borja extasiándose mirando su cuadrito de Goya; en su casa de Ibiza solo había fotografías gigantes y sugerentes de su mujer Blanca Cuesta.

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