Corte y confección

Bisutería fina para la reina Letizia

Mariángel Alcàzar
Bistuería fina para Letizia

19 de septiembre de 2015, 10:00

La Reina ya ha regresado a España tras su viaje a Estados Unidos donde ha mostrado, de nuevo, que su capacidad para sorprender en materia indumentaria no conoce límites. Solo ella se puede permitir estrenar un vestido joya, firmado por Felipe Varela, de gasa bordada con hilos de seda y lucir, al mismo tiempo, unos pendientes de bisutería de la firma Mango que cuestan 9,90 euros. Las estilistas de moda aseguran que un buen complemento mejora el vestido más sencillo, pues lo que destaca son unos buenos zapatos o una joya adecuada, pero doña Letizia tiene opiniones propias. Si se atreve con unos pendientes a los que no les falta ni el cierre de silicona es porque ella puede. No será porque en su joyero no hay piezas valiosas, que las hay, tanto las históricas de la Corona como las que ella misma ha ido acumulando desde que se convirtió en princesa de Asturias.

Cualquiera de las diademas del joyero real, que han ido pasando de reina en reina, tiene un gran valor ya que, históricamente, las realeza atesoraba joyas para poderlas vender si las cosas se ponían feas. La nobleza rusa resistió el exilio, tras la revolución, a base de vender las joyas que poseían, ya que a diferencia del dinero o los lingotes de oro, las piedras y metales preciosos se pueden lucir cuando las cosas van bien y sacarles partido cuando van mal; no ocupan espacio y se pueden esconder bajo la ropa para huir sin perder tiempo. La familia real española no es una excepción y, aunque Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, y la condesa de Barcelona, que las recibió de ella, lograron conservar para las futuras reinas de España una magnífica colección, también se pusieron a la venta muchas de las alhajas que poseían, recibidas en herencia o compradas, para poder financiarse en el exilio.

Desde Isabel II, una gran aficionada comprar joyas cuando tenía dinero y a venderlas o empeñarlas cuando le hacía falta, la lista de miembros de la familia real que se han desprendido de las alhajas en los últimos exilios es muy amplia. Una de las joyas que desapareció del cofre real fue una tiara floral de oro y plata con diamantes que el rey Alfonso XII compró en 1879 a la firma inglesa J.P.Colins para su prometida, la archiduquesa María Cristina de Habsburgo. La diadema se vendió y, posteriormente, fue adquirida, en una subasta por la joyería Aldao, de Madrid, firma a la que, en 1962, el gobierno de Franco le compró la pieza para regalársela a la entonces princesa Sofía de Grecia con motivo de su boda con don Juan Carlos. La pieza volvió, por ese intricado camino, a la familia real española y, aunque doña Sofía no la usó mucho, la infanta Cristina la eligió para lucirla en su boda y es, por las veces que la ha llevado, la pieza preferida de doña Letizia.

A la reina Letizia no parecen apasionarle las joyas ostentosas y, de hecho, cuando tiene que usar diadema en las cenas de gala casi siempre elige la tiara floral, seguramente porque tiene más valor como pieza histórica que por sus materiales, oro y plata, y sus diamantes de talla antigua. Y, también, al parecer porque, a diferencia de otras tiaras, con más brillo, la floral pesa muy poco. Con motivo del su quinto aniversario de boda, don Felipe regaló a su esposa una diadema que permaneció en el joyero hasta que, hace algunos meses, doña Letizia la estrenó, ya como reina, con motivo de la cena por el 75 cumpleaños de Margarita de Dinamarca.

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