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Bisbal vuelve con Chenoa

Chenoa David Bisbal
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OT El Reencuentro

2 de noviembre de 2016, 08:42

David Bisbal fue el rizos de oro de “Operación Triunfo” pero como le sucedió a Sansón fue cortarse el pelo y perder sus poderes, al menos los de su encanto y simpatía. Quince años después de la emisión del programa que mezcló el novedoso formato de reality con los tradicionales concursos de talentos de toda la vida, no hay duda de que Bisbal es quien más ha triunfado pero su fama, su éxito y sus ingresos millonarios también le han transformado en otra persona, lo que no ha sucedido con ninguno de los otros catorce compañeros de programa, incluidos los que como David Bustamante, Chenoa o Rosa, le siguen en el ranking de famosos.

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Visto lo visto en el programa “OT el Reencuentro”, a David Bisbal mejor le hubiera ido seguir con Chenoa a la vista de su currículo amoroso desde que cayó en brazos de Elenita Tablada, educada por las poderosas mujeres de su familia en la busca y captura de un buen partido. La relación con Bisbal no podía durar y ni el nacimiento de una niña, Ella, dio continuidad a la relación. Al cantante, encumbrado ya como una estrella, y como a un panal de rica miel se le acercaron miles de mosconas y él no desaprovechó la ocasión emparejándose con modelos y muchachas de buen ver como la argentina Eugenia China Suárez y, ahora, la venezolana Rosanna Zanetti. Pero a Bisbal, incómodo con sus compañeros de programa, se le ve, además de desubicado, triste.

David Bustamante, tan natural en sus emociones y con una carrera exitosa pero no tanto como la de Bisbal, parece un hombre feliz quizá porque al conformarse a una vida mucho más convencional se vacunó contra la vorágine y el aislamiento, gracias al acierto de casarse con Paula Echevarría, cerebro de la estrategia de una pareja que se vende bien junta y por separado.

Chenoa, la tercera por orden de éxito, era y sigue siendo la más lista de todos aunque le ha tocado reivindicarse como mujer independiente y fuerte. Para la historia quedará su cara demacrada y su chándal gris cuando, a las puertas de su casa de Barcelona, admitió que Bisbal se había dado el piro. Ahora ha reconocido que, si se vuelve a presentar la ocasión “yo en chándal no salgo más”; los años le han enseñado que hasta los peores momentos requieren de un estilismo adecuado; seguramente si Bisbal la hubiera visto rutilante y desafiante, se hubiera dado cuenta de lo que ha perdido, son así de simples los hombres. Chenoa puede tomarse ahora con humor aquellos tiempos y, aunque tampoco ha tenido mucha suerte en el amor, sigue siendo la entrañable marisabidilla de entonces y, a diferencia de Bisbal, parece haber superado la pérdida. En la actuación del Palau Sant Jordi, al cantar “Escondidos” a Chenoa le salió la fuerza y la emoción de quien amó y perdió, mientras el otro quizá se dio cuenta, por fin, de que en la cima se está muy solo. Momentazo, que vuelvan por favor.

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