Corte y confección

Bigote Arrocet, tras los pasos de Vargas Llosa

Bigote Arrocet María Teresa Campos Mario Vargas Llosa Isabel Preysler Ana Boyer
Teresa Campos y Bigote 05

16 de diciembre de 2017, 12:42

A Bigote Arrocet le han hecho una foto cenital tumbado en un sofá, tapizado con tela adamascada, en el supersalón de la supercasa de María Teresa Campos que ha servido para ilustrar, en portada, la entrevista que se publica en el suplemento Sábado del diario El Mercurio, el más importante de Chile. Poca coña pues con el soporte y aunque la entrevista sea delirante por las respuestas del protagonista no olvidemos que el respetado Mario Vargas Llosa, todo un Premio Nobel de Literatura, apareció, no tumbado en un sofá, pero sí, al igual que Bigote en otra de las fotografías, sentado en un sillón de época en la biblioteca de casa de Isabel Preyser. Por qué al ilustre escritor no se le criticó, o al menos no tanto, por utilizar la mansión de su novia como marco para una entrevista a su persona y a Edmundo se le acusa de presumir del casoplón de la Campos como si fuera suyo. No hay derecho. Finalmente, María Teresa pagó su mansión, mientras que Isabel Preysler pudo edificar su casa gracias a que su tercer marido, Miguel Boyer, pagó los terrenos y durante casi 30 años estuvo contribuyendo a los gastos familiares, eso sin contar que la biblioteca que sirvió de escenario a la entrevista con el novio de la viuda de Boyer, estaba repleto de libros no solo comprados sino incluso leídos por el difunto.

Edmundo Bigote Arrocet no le debe respeto a la anterior pareja de su novia puesto que la mansión en la que habita María Teresa es fruto de su duro trabajo como presentadora y los libros de la biblioteca son de esos que se compran a metros para dar el pego en librerías de madera maciza de las que los diseñadores de postín colocan a quienes desean una estancia digna de una casa con historia. A lo que vamos, María Teresa Campos ha puesto su casa al servicio de su novio y bien que hace que para eso la pagó con el sudor de su frente, aunque más le hubiera valido comprarse un buen piso en el barrio de Salamanca de Madrid y un chalet en Marbella, ahora tendría donde vivir y donde veranear y, además, unos cuantos millones en el banco.

La entrevista de Bigote a El Mercurio tiene otros muchos puntos de comparación con la de Vargas Llosa, ya que este también la concedió a un suplemento de fin de semana, concretamente a XL Semanal que se entrega con varias cabeceras de diarios españoles. Curiosamente, el humorista no habla de su novia, mientras que el Nobel sí lo hizo y eso que la entrevista era para promocionar su última novela 'Cinco esquinas' (de la que por cierto, no obtuvo muy buenas críticas). Bigote ha sido premiado con la portada del semanal chileno porque hasta allí han llegado los ecos de su último renacimiento tras hacerse novio de la Campos y, aunque aquí nos hemos reído, de que se considere aún un número uno, lo sigue siendo entre los humoristas que han ligado con una presentadora de éxito y, sin más obligaciones que las de cuidarle las fores del jardín, y sin tener que apearse de su personaje ni de su personalidad vive como un marqués. Mientras que el marqués de verdad, Mario Vargas Llosa, sí ha tenido que cambiar su vida para pasar a ser un satélite más de la galaxia Preysler, de la que solo ha escapado Enrique Iglesias quien, sabiamente, se ausentó del circo en el que se convirtió la boda de su hermana Ana Boyer. Nadie se puede reír de Bigote, después de ver a todo un premio Nobel de comparsa de una boda de la que lo mejor que puede decirse es que la novia iba más mona, elegante y apropiada con su batita de batista ribeteada con vainica que se puso para que la peinaran que con su traje nupcial.

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