Bigote en Supervivientes 2017

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Supervivientes

22 de abril de 2017, 12:03

Una de las cosas más incomprensibles de los concursantes de 'Supervivientes' es la constante exhibición de sus cuerpos serranos. Los hay que, bien arreglados con photoshop, podrían ocupar la portada de Play Boy y los hay para no dan la talla ni para la de National Geographic, pero todos aparecen en bikini, caso de ellas, y en bañador tipo nadador, en el caso de ellos, incluido José Miguel, el peluquero de Castellón que estuvo casado con Karina y quien, seguramente, será quien mayor beneficio saque de su paso por la isla porque, al menos, perderá peso. Pero ¿qué ha hecho ese hombre en los últimos años para haberse convertido en una caricatura de Obelix? Ni tan siquiera es gracioso y, según se portó en la ruptura matrimonial, tampoco es tan inocentón como aparenta.
De Alba Carrillo y su enfrentamiento con su santa madre, reservista del ejército y con más peligro que la hija, mejor no hablar porque, sea una pelea de broma como las de Juanito Valderrama y Dolores Abril (mucho mejores que las de Pimpinela), o sea el pan nuestro de cada día, la víctima de ambas es el padre y marido, respectivamente. Viendo a Lucía Pariente y partiendo de la base que muchas hijas acaban pareciéndose a sus madres, no me extraña que los novios y maridos de Alba Carrillo huyan tras conocer a la suegra. Alba dice que su madre es un lastre para ella y que “no le parece injusto” (sic) que la haya acompañado. Como dijo Mila Ximénez en 'Sálvame', si es un montaje es una vergüenza usar esa táctica para ganar el concurso y si esa es su relación cotidiana, menudo miedo dan.
Puestos los concursantes en la arena de la playa, hechos unos guarros, con esas carnes desbordantes, sin un mal trapo con el que taparse, excepto Bigote Arrocet que se ha llevado alguna de sus camisetas pintarrajeadas, la pregunta es si los ideólogos del programa han optado por machacar a propósito a toda esa cuadrilla de frikis, en busca de la fama perdida y dispuestos a humillarse para ganarse la vida. A la isla solo puedes ir para adelgazar o para reírte de ti mismo; para lo primero ha ido el peluquero de Karina y para lo segundo el de María Teresa Campos, en un reto que quizá les conduzca a una ruptura de pareja o familiar, a juzgar por cómo se lo está tomando Terelu a quien sus compañeros de 'Sálvame' machacan sin piedad con este tema, especialmente Kiko Hernández que, recién llegado de su permiso de paternidad, ha sacado toda la mala leche acumulada.
Cuando la Campos madre y el humorista iniciaron su relación, hubo sorpresa general y lo cierto es que la imagen de Bigote, muy vinculada al 'Un, dos, tres' y su 'piticlín, piticlín', fue cambiando para bien. Parecía un hombre ya de vuelta de todo, dispuesto a pasarse por el forro las críticas sobre su relación y, sobre todo, entregado a su tarea de hacer feliz a la presentadora convertida, gracias a su amor de otoño, en la envidia de todas las señoras de edad madura. El hecho de que Edmundo Arrocet, por más dinero que le paguen, aceptara ir a 'Supervivientes', devuelve al humorista a la casilla de salida donde, de nuevo, se pone en duda la verdadera razón de su relación con María Teresa. Sinceramente, qué necesidad tenía de exhibirse de esa manera, porque mucha camiseta por arriba pero marca paquete por abajo. No me extraña que las Campos, sobre todo María Teresa y Terelu, lo lleven peor que mal y quizá ahora reflexionen sobre todo lo que les ha caído encima tras participar en 'Las Campos', y eso que el reality era suyo.

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