Corte y confección

Belén Esteban tiene que ganarse el sueldo

Belén Esteban María Lapiedra Alba Carrillo
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Andrea Janeiro. Belén ya no habla de Andreita

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María José Campanario y Jesulín de Ubrique. María José Campanario y Jesulín de Ubrique ya no despiertan interés

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Belén Esteban. Se le acaban los temas

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Alba Carrillo Chester. Alba Carrillo y su polémica

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María Lapiedra. María Lapiedra y su doble personalidad

Lecturas

23 de enero de 2018, 13:05 | Actualizado a

Una cosa ha conseguido María Lapiedra: competir en gritos con Belén Esteban que desde que se tiene que ganar el sueldo ha recuperado su etapa chillona. Belén no puede hablar de su hija por respeto a la propia decisión de la muchacha que, tras cumplir 18 años, ha decidido, por sí misma, alejarse de la fama en la que la colocó su propia madre, por cierto. Tampoco da más de sí el seguir hablando de Jesulín de Ubrique y la doliente María José Campanario, principalmente porque carecen de interés. Así que Belén que, por lo visto, tiene el comodín de su boda con Miguel dispuesto para cuando necesite un nuevo órdago (porque lo de quedarse embarazada es más difícil) no tiene más remedio que arremeter contra alguien para seguir conservando su puesto. Demasiado le dura, teniendo en cuenta que hasta su enfrentamiento con Toño Sanchís se ha enfriado, principalmente por la desagradable forma que tiene en ex manager de ir por la vida. Que malo es tener un rival flojo, le ganas a la primera pero se acaba el espectáculo del combate; Belén siempre ha necesitado un oponente para crecerse y sacar el animal televisivo que lleva dentro, de lo contrario no es más que una señora que no sabe conjugar los verbos, ni articular las frases pero que, sin embargo, es toda una experta en gramática parda.

Alba Carrillo se sentó en el sofá de Risto Mejide para contar que se había dejado meter en el saco de las rubias tontas por pura supervivencia pero que ahora buscaba nuevo acomodo. Un buen símil que podría aplicarse a tantas y tantas mujeres encasilladas en un estereotipo como Chabelita Pantoja, por ejemplo, a quien colocaron en el saco de las hijas ingratas o Rocío Carrasco, instalada en el saco de las madres desnaturalizadas.

María Lapiedra, la nueva estrella de la sinsutancialidad, tiene su propio saco: el de las listas que se hacen la tonta o quizá en el de las tontas que se creen muy listas y se acaban haciendo un lío.

No nos extrañemos que su culebrón montado en base a su relación adúltera con Gustavo González, paparazzo y colaborador televisivo, esté durando tanto, teniendo en cuenta que en el enredo también interviene Mark Hamilton, el aún marido de la ex estrella porno. Menudo par, se pasan todo el día en la tele de lo que se deduce que sus dos hijas quedan al cuidado de alguno de los abuelos que, a su vez, no deben dar crédito de lo que está pasando. Vale, todos sabían que María Pascual, más conocida como María Lapiedra, tiene además de dos identidades, doble personalidad, pero con la vorágine que lleva suele confundir personaje y carácter, y la Pascual se presenta irascible, gritona y atolondrada, mientras la Lapiedra ejerce de gatita sumisa. Calla que no se confunde o sí. En cualquier caso, no parece que una persona inestable vaya a llevar adelante una relación estable, de modo que a Gustavo González le esperan noches movidas y días de guerra, con lo bien que le iba a él la doble vida.

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