Corte y confección

Belén Esteban, la gallina recupera sus huevos de oro

Belén Esteban
Belén Esteban

24 de junio de 2017, 15:12

Belén Esteban está contenta porque un juez (jueza, en este caso) le ha dado la razón en su demanda contra su ex representante Toño Sanchis a quien demandó por haberse quedado con un dinero que no le correspondía. La colaboradora de “Sálvame”, anteriormente conocida como ex de Jesulín de Ubrique, confió en un sujeto que vio en ella la gallina de los huevos de oro que, además, se comportaba cual gallineta ciega, sin pedir, durante años, ni explicaciones, ni cuentas.

Toño Sanchis, marrullero como pocos, seguramente tiene una razón para creer sus propios chanchullos y puede que, ciertamente, Belén le diera carta blanca para aumentar sus comisiones hasta el cien por cien en algunos contratos e incluso le permitiera manejar el dinero como si fuera suyo. Hubo años en los que Belén no sabía ni lo que decía, ni lo que hacía, como ella misma ha reconocido, solo hace falta repasar sus fotos y actuaciones televisivas de hace unos años, incluidas sus espantás de los platós; su esperpéntica boda y relación con Fran Álvarez; su propia cara desfigurada y su cuerpo esquelético para entender que, en aquellos años, la elección era susto o muerte. Afortunadamente, la cosa quedó en susto gracias a que, además de Toño, en la vida de Belén había gente que o la quería o, al menos, la quería querer. El representante pudo haber actuado con la intención de guardar sus haberes para garantizarle un futuro y haberle hecho de hermano sensato, si así sentía que era la relación que les unía, más allá de la profesional. Debería haberle rendido cuentas, una vez que Belén retomó las riendas de su vida, pero no pudo, perdido entre sus propios líos. Incluso habría sido posible que los tribunales no hubieran podido dirimir quien de los dos, demandado y demandante, era el responsable del desaguisado, pero le han dado la razón a Belén en base a las matemáticas y no a la filosofía.

Al hilo de la demanda, han salido a la luz las cantidades que Belén cobraba por sus actuaciones televisivas y también por sus contratos publicitarios o apariciones en diversos eventos y puede que la gente se haya echado las manos a la cabeza al conocer que, a pesar de carecer de oficio, Belén tiene mucho beneficio. Quizá ella misma, que nunca ha dejado de tener contacto con la realidad de sus amigas del barrio, sus familiares y amigos del bar Moski y otros lugares sagrados, encontrara razonables las cantidades que le liquidaba Toño que, en el peor de los casos, superaban lo que los allegados a Belén podían cobrar en un año o más. La colaboradora ha ordenado sus cuentas y aunque el mundo se sorprenda e incluso se escandalice al conocer cuanto da de sí la nadería, Belén tiene derecho a disfrutar de las ganancias generadas por su circo.

La televisión paga a sus estrellas, colaboradores e incluso a los personajillos que acuden a contar sus miserias de acuerdo con las ganancias que generan. Las audiencias marcan los ingresos publicitarios y los productores y directivos de televisión se llevan la gran tajada pero alimentan a sus monstruos con caviar si es necesario para tenerlos contentos. Lista, caótica, generosa en su desconcierto, ignorante pero consciente de que el conocimiento es un tesoro que nunca se acaba, al menos Belén Esteban ha inculcado a su hija, Andrea, la necesidad de estudiar y ha alejado a la niña de caminos de pan para hoy y hambre para mañana, en los que transitan elementos como Chabelita Pantoja, Laurita Matamoros e incluso Gloria Camila Ortega.

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