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Belén Esteban se ríe de Janeiro

Belén Esteban Jesulín de Ubrique
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Hijos de famosos

25 de octubre de 2016, 09:41

Belén Esteban pasará a la historia, por lo menos a la historia de los personajes mediáticos, gracias a los dos o tres años que fue pareja de Jesulín de Ubrique y, sobre todo, por lo mal que ambos, sobre todo él, gestionaron su papel como padres. Con un capote viejo del torero, Belén se hizo un sostén para toda la vida y de ese tronco primigenio han ido saliendo ramas y ramas hasta convertirse en un frondoso árbol a cuya sombra se cobija.

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Ahora Belén protesta porque a Jesulín, como a Fran Rivera, una asociación que lucha por la custodia compartida le ha concedido un premio por su lucha por la igualdad y, volviendo a la trama principal de su historia, explica que en los 17 años que tiene su hija, Andrea, su padre solo ha estado presente en dos cumpleaños. Las guerras de Belén y Jesulín a cuenta de la niña parecían haber pasado a la historia pero son cosas que, como diría la Bombi, duelen. A poco menos de un año de que Andrea cumpla la mayoría de edad y con ella pierda el derecho a la protección que ahora le garantiza la ley del menor, poco importa ya que pasara su infancia y adolescencia lejos de su padre, como así ha sido. Tener a Belén de enemiga no debe ser fácil, y si no que se lo pregunten a Toño Sanchís, pero en su papel de madre coraje se crece seguramente por que la parte contraria nunca ha convencido a nadie por ese concepto antiguo de la vida del que siempre ha hecho gala y sobre todo por sus anticuadas y machistas opiniones sobre las mujeres y su papel en la vida.

La imagen icónica de la ruptura de Belén y Jesulín fue, hace ya más de 16 años, su salida de Ambiciones portando sus pertenencias en unas bolsas negras de basura. De esa manera la echaron de la finca la familia de padre de su hija que, por fin, se habían librado de que aquella chica a la que no callaba nadie y a la que le habían amargado la vida temerosos de que les apartara de los beneficios de aquella gallina (también, un gallina en otro sentido) de los huevos de oro que era Jesulín. Claro que su en su pecado llevaron la penitencia, porque unos años más tarde María José Campanario, más silenciosa, sibilina e implacable que Belén, acabó controlando el cortijo.

Pero volvamos a la no relación de Jesulín con su hija Andrea motivada sin duda por la imposibilidad del padre de enfrentarse con Belén. El torero consideraba que la niña y su madre iban en el mismo paquete y que para tener lejos a la una debía alejarse de la otra. Andrea siempre fue la hija de Belén, esa mosca cojonera según criterio de los Janeiro que había decidido defender los derechos de su hija con un altavoz que les ensordecía. Los años han pasado y aunque las cosas se han atemperado, será difícil que Andrea y su padre recuperen el tiempo perdido aunque cuando la muchacha cumpla 18 años pueda decidir por su cuenta si le vale o no la pena intentar una relación más madura. Lo que está claro es que Belén, que es excesiva en casi todo, sí merece un premio por haber hecho de portavoz de tantas madres a las que su pareja les abandonó olvidándose de los hijos. Jesús ha tenido muchos años para haberse esforzado un poco más y, olvidando su orgullo de macho herido, intentar por todos los medios seguir relacionándose con su hija. Manuel Benítez, el Cordobés, hijo, lo consiguió y su hija mayor, Alba, nacida de su matrimonio con Vicky Martín Berrocal, ha disfrutado de su padre como los otros dos hijos que tuvo con Virginia Troconis. Poder se puede y si lo intentas, aunque fracases queda el resto de la lucha pero, sinceramente, si Jesulín ha hecho algo por la custodia compartida lo ha llevado muy en secreto.

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