Corte y confección

La baronesa Thyssen quiere un título nobiliario de verdad

Carmen Cervera Borja Thyssen
Carmen Cervera

4 de febrero de 2017, 09:00

Carmen Cervera, baronesa Thyssen, tiene muchos cuadros y mucho dinero pero no ha conseguido lo que busca desde hace años: un título nobiliario. Lo de baronesa, aunque sea muy rimbombante no es más que un apellido, una dignidad de origen húngaro que no se puede comparar con un marquesado ni mucho menos con un ducado en España y el hecho de su nombre no haya merecido una entrada en la aristocracia la tiene ofendida, quizá con razón. La viuda del barón cree que debe reconocerse públicamente que gracias a ella, su marido vendió su colección al Estado español (por 250 millones de euros, por cierto), y también su decisión de ceder gratuitamente la exposición, que no la propiedad, de su propia colección, pero incomprensiblemente para ella, esos gestos nunca le han valido un reconocimiento oficial y, por si fuera poco, tanto ella como su hijo Borja están sometidos a la fiscalización de Hacienda.

En la actualidad, la baronesa está inmersa en la enésima negociación con el ministerio de Cultura a cuenta de la cesión de 430 obras de arte de su propiedad que actualmente están expuestas en el Museo Thyssen de Madrid. Desde hace más de quince años, Tita, la viuda del barón que la convirtió en una mujer muy rica y, además, en interesada coleccionista de obras de arte, deja sus cuadros colgados en el museo para tenerlos a buen recaudo mientras suben de valor para llegado el día venderlos, como hizo hace un par de años cuando descolgó una obra del pintor inglés John Constable que le supuso unos ingresos de casi 30 millones de euros. Es cierto que la baronesa permite que todos los que paguen la entrada al museo puedan ver sus cuadros pero se le olvida que si los tuviera en un museo privado o guardados en un almacén el coste de la seguridad y sobre todo el del seguro sería su ruina. Carmen Cervera considera, y quizá tiene razón, que el Estado está en deuda con ella y por eso no entiende que Hacienda acuse a su hijo de defraudar 630.000 euros y, además, le pida tres años de cárcel, como no entiende que el Estado, dado que mantiene su colección privada, quiera cerrar un acuerdo durante varios años e impedir que se produzcan nuevas ventas sobre todo la del cuadro 'Mata Mua' de Gauguin, la pieza más valiosa, que puede alcanzar los 300 millones de euros en la venta en una subasta.

Los cuadros de Carmen Cervera son su patrimonio y es razonable que quiera sacarles rendimiento, pues finalmente ella, o su marido, los compró, principalmente como inversión económica y también como inversión social ya que siempre luce más presentarse como coleccionista de cuadros que de desguaces de coches. Cada tanto, la baronesa y el ministro de Cultura de turno se enredan en negociaciones en las que la propietaria presiona con la baza de retirar los cuadros y llevárselos a otro sitio, principalmente el extranjero. De hecho con algunas de sus obras ya ha abierto un museo en Sant Feliu de Guixols y otro, en Málaga a la espera de inaugurar un tercero en Andorra. En esos tres lugares, la baronesa ha obtenido lo que realmente desea, consideración y hasta adulación pero no lo que anhela desde hace años y que no consigue por más que presione: un título nobiliario, un reconocimiento público del estado español que le es esquivo. Ella, una mujer hecha a sí misma y que tanto trabajó y se sacrificó para lograr una posición económica envidiable, en el fondo lo que quiere, quizá con razón, es un puesto en la alta sociedad.

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