Corte y confección

La baronesa Thyssen y su extraña familia

Mariángel Alcàzar
La baronesa Thyssen y su extraña familia

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Familias

1 de septiembre de 2016, 09:04

Da igual que sea verano o invierno, no hay manera de que la baronesa Thyssen aparezca en público acompañada de sus tres hijos: Borja, el biológico, y Carmen y Sabina, las niñas que nacieron por el método de maternidad subrogada, también denominado, de forma horrible, por cierto, vientre de alquiler. Carmen Cervera posó con las dos niñas, que ya tienen 11 años, al principio de verano a bordo de su velero “Mata Mua” y más tarde, dejó a las pequeñas en casa para pasar unos días con Borja, Blanca y sus cuatro hijos en Ibiza. Raro, raro, raro que diría Papuchi que en gloria esté.

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La baronesa que consiguió riquezas gracias a su matrimonio con el barón Thyssen, aunque no el reconocimiento público que cree merecer en su condición de mecenas consorte, tragó, según parece, con las condiciones impuestas por su hijo y nuera para recomponer las relaciones familiares que incluían que a cambio de volverse a relacionar con ellos, las niñas debían quedar al margen. Un enredo familiar en toda regla que sigue siendo inexplicable y cuyas verdaderas razones no hacen más que alimentar la leyenda del origen biológico de las dos niñas, víctimas involuntarias de las irreductibles posturas de sus familiares directos.

Borja Thyssen nació como hijo de madre soltera, aunque luego se supo que su padre biológico era el publicista Manuel Segura, antiguo amante de la baronesa y ahora miembro de su corte de verano. El barón Thyssen adoptó al niño tras casarse con Tita Cervera, le dio los apellidos y le trató como un hijo a todos los efectos, lo que motivó, en su día, un pleito con sus otros cuatro hijos, Georg, Francesca, Alexander y Lorne, que no querían repartir la herencia paterna con Borja. El asunto se saldó con un acuerdo por el que el hijo de Carmen Cervera recibiría 15 millones de dólares en tres pagos, al cumplir 25, 30 y 35 años, como así sucedió tras la muerte del barón, además de 300.000 euros año que recibe del alquiler de unas propiedades que, en su día, le cedió su madre quien a su vez las heredó de su marido. Una situación económica envidiable que le permite vivir de rentas y no tener que preocuparse de dar un palo al agua a la espera, además, de recibir, en su día, la parte que le corresponderá tras el fallecimiento de su madre.

Seguramente en el afán por asegurarse su parte del pastel materno es la razón por la que Borja Thyssen se reconcilió con su madre después de unos años en los que esta incluso llegó a pedir a Blanca Cuesta que demostrara la paternidad de sus hijos. Eso y que Borja reclamó a su madre unos cuadros que, en teoría, le había dejado el barón, sin olvidar una denuncia por allanamiento de morada después de que la parejita Borja-Blanca entrara en casa de la baronesa en busca de unos documentos. Una guerra en toda regla que acabó con un aparente armisticio.

Todo se olvidó, o no, y Carmen Cervera, ya madre de las dos niñas, volvió a relacionarse con su hijo, su nuera y sus cuatro nietos, y también a compartir la estrategia de las residencias fiscales para eludir el pago de los impuestos en España. En el pacto de familia, sin embargo, Carmen y Sabina fueron excluidas de las reuniones familiares, aisladas primero en su encierro en Sant Feliu de Guixols (Girona) y últimamente en Andorra. Borja y Blanca se negaron a relacionarse con las dos niñas y lo que resulta más incomprensible, la baronesa aceptó.

Menudo pacto envenenado el que permite una situación que anuncia pleitos futuros teniendo en cuenta que cuando falte la baronesa, sus hijas quedarán sin su protección. Carmen les dejará, en el mejor de los casos, una herencia envenenada pero más valdría que les legara una familia.

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