Corte y confección

Ana Obregón y otras maestras de la invención

Mariángel Alcàzar
Famosas

23 de enero de 2016, 11:20

Ana Obregón no es la primera ni la única famosa que fabula sobre su vida y eso que, comparadas con el común de las mortales, sus experiencias ya serían suficientemente extraordinarias. Si has estado en Los Ángeles, así sin detalles, no hace falta que, además, le añadas que te han atracado en tu casa, que Julio Iglesias te ofrezca su residencia de Bel Air y por si fuera poco, intentes hacerle una paella a Steven Spielberg.

Pero, como decíamos, Ana Obregón también tiene sus maestras, la primera Sara Montiel quien, habiendo tenido una vida fabulosa, estropeó su biografía a base de recrear de tal manera sus experiencias que las inventadas acabaron por opacar las ciertas. Llegó un momento que ya no se sabía si Sarita le había hecho los huevos fritos a Marlon Brando o a James Dean, tal era el lío que tenía en su cabeza. Ya se sabe que para ser un buen mentiroso, lo principal es tener buena memoria.

Pero Sara Montiel, a diferencia de Ana Obregón, contaba historias tan surrealistas que quizá solo podían ser ciertas. Solía explicar que volando desde Los Ángeles a Nueva York con un millón de dólares, o de pesetas pues la cantidad variaba cada vez que contaba la historia, en el bolso, acabó perdiendo el dinero cuando se le ocurrió abrir la ventanilla y los billetes salieron volando. ¿La ventanilla en un avión? Era tan graciosa que, ante la duda de sus interlocutores, añadía más detalles, como que era un vuelo privado y que en la cabina de los pilotos, sí se pueden abrir las ventanillas, aunque siempre en tierra claro. Y te quedabas pensando si no sería verdad.

Sara Montiel, que tuvo una vida fabulosa, relató sus memorias al periodista José Martí Gómez que Lecturas publicó por entregas en los primeros años 80. La actriz explicó que se encontraba en La Habana en 1958 y que sufrió un intento de secuestro por parte de los barbudos de Fidel Castro que intentaban tomar el poder. Nadie la creyó hasta que al cabo de un tiempo, uno de aquellos barbudos, Armando Hart, que tras el triunfo de la revolución cubana fue ministro de Cultura, reconoció, en un viaje a España, que lo que contaba  Sara Montiel era rigurosamente cierto y que, efectivamente, intentaron secuestrarla. Quizá Ana Obregón se inspiró en esa historia para contar que ETA la intentó secuestrar, según constaba en una lista que se halló en el zulo de Ortega Lara. Nadie ha podido comprobar ese extremo.

Quien más se parece a Sara Montiel en el sentido de no saber nunca hasta donde se cruzan sus verdades con su imaginación es la gran Bárbara Rey, que tiene el gran mérito de vivir de contar pequeñas mentiras cuando su verdad es mucho más suculenta. No es el caso de María José Cantudo que, empezando por la edad, se ha reinventado su vida de pies a cabeza y así sigue, gracias en parte, a que la recreación quedó avalada cuando la justicia le dio la razón en su  pleito con Blanca Villa que aseguró que había puesto la voz en las grabaciones de la artista. La Cantudo, realmente, ha acabado creyendo que lo que cuenta es verdad, que siempre ha sido rica, que tiene menos de 60 años, aunque su hijo tenga ya 43 y que canta y baila como nadie. Lo mejor, con todo, es cómo explica sus episodios nacionales, como cuando al contar un accidente casero, explicó que se tropezó con una escalera por no pisar a su perro y que, al despertar “conmocionada”, llamó al 11888 (que es el de un servicio de páginas amarillas) y dijo:“Soy María José Cantudo. Me estoy muriendo”. El susto de los 'pelochos' debió ser de aupa.

Y ya, como mentirosa oficial del reino, está la actriz Anna Allen, que apareció en unos capítulos de 'Cuéntame' y, sin que esté comprobada la relación causa efecto, llegó a inventarse que había asistido a la ceremonia de entrega de los Oscar a base de falsificar una fotografía.

Más Sobre...

Loading...