Corte y confección

Ana Obregón se remoja con Risto

Antonia Dell’Atte Ana Obregón Risto Mejide Alessandro Lequio
Ana Obregón

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Televisión Telecinco

27 de junio de 2017, 10:26

Me encanta Ana Obregón y su capacidad para enredarse en sus propias fábulas. En su última aparición televisiva de la mano de Risto Mejide nos anunció que no para de trabajar. Ahora mismo, según dijo, está ensayando su próxima obra de teatro de la que no dio el título, por que por lo visto nunca se ha estrenado en España, pero sí que es un texto que ganó un premio Moliére (sic) que vendría a ser, en Francia, como los Max españoles o los Tony estadounidenses. Por lo que explicó acerca del argumento, que al parecer trata de la venganza de una mujer a su marido infiel, la obra podría ser 'Los hombres no mienten', de Eric Assous, aunque a Ana se le olvidó contar que esa comedia ya la estrenó en España la compañía de Arturo Fernández.

A Ana se le olvidan muchas cosas incluso que ha perdonado a Antonia Dell’Atte a juzgar por las puyas que le lanza cada vez que puede, a pesar de su aparente reconciliación. Incluso fue capaz, como ya hizo en su aparición en el programa de Bertín Osborne, de inventarse un primer encuentro con Alessandro Lequio que situó en la plaza del Popolo, en Roma, donde Antonia, a quien no conocía de nada, la reconoció como la gran actriz de fama mundial que Ana era entonces y le quiso presentar a su marido, cual maruja napolitana. Era en año 1988 y tres años después, Lequio, que, al parecer, no había podido olvidar aquel encuentro casual, se reencontró con Ana en Madrid y la persiguió hasta conquistarla. Si Ana se sometiera al polígrafo, lo revienta, fijo, pues no es esa la versión que da Alessandro, ni la que la propia Ana ha explicado en otras ocasiones.

Pero puesta a aportar novedades, Ana explicó a Risto como imitó a Antonia grabando las barbaridades que Alessandro decía de ella y cuando fue la engañada no se le ocurrió otra cosa que enviarle a Silva Tinao, la siguiente amante del italiano, una cinta en la que éste se quejaba de su celulitis. Ole las venganzas caseras y la pachorra con la que Ana, “soy una señora”, admite ser una despechada de manual y, encima, se cree que hace gracia.

“Risto, contigo me voy a mojar”, soltó Ana antes de repetir por enésima vez que los hombres de su vida habían sido Miguel Bosé y Fernando Martín, tristemente fallecido, y el propio Lequio, por haberle dado ese niño que le permitió emparentar con la familia real y acercarse un día a la infanta Elena, en un acto oficial, al grito de “es la tía de mi hijo”, aunque eso no lo contó. Sí repitió su encontronazo con Victoria Beckham en un gimnasio de Madrid pero de nuevo fue incapaz de reproducir, en inglés, su discusión con la esposa del futbolista. Será que se sacó el título de inglés en el mismo centro en el que obtuvo el de bióloga.

Entre tantas fabulaciones, nunca se sabe cuando Ana cuenta la verdad, ni como es capaz de llorar sin lágrimas cuando su hijo, Alex, le envía un mensaje de amor filial. Lo único que quedó claro tras su paso por el programa de Risto es que Ana no tuvo tiempo de ir a la peluquería a darse el tinte.

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