Corte y confección

Amancio Ortega y Tita Cervera, ricos pero no afortunados

Mariángel Alcàzar
Amancio Ortega y Tita Cervera

3 de noviembre de 2015, 12:12

Cada vez que sale la lista de los más ricos, Amancio Ortega se distancia un poco más de sus inmediatos seguidores. Las últimas cifras sitúan su fortuna en 60.000 y pico millones de euros y le coronan como uno de los tres hombres con mayor fortuna del mundo. En España, por supuesto, es el primero por delante de Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, con solo 8.700 millones de euros y Juan Roig, presidente de Mercadona, con 7.500 millones de euros.

Los 60.000 millones del dueño de Zara son una cantidad indecente por varios motivos, pero más allá de las cuestiones morales, resulta imposible hacerse una idea de su magnitud sin establecer alguna medida comparativa.  Para hacernos una idea, supone que para acabar con su fortuna, Ortega podría gastarse un millón de euros al día durante 170 años; si fuera más moderado y se gastara un millón de euros al mes tardaría cinco mil años en acabar con su dinero y ni aún así, por que las rentas de lo no gastado incrementarían el capital y aún tendría para varios siglos más. Hace solo unos días, Amancio Ortega donó 17 millones de euros para equipamientos sanitarios en Galicia, lo que comparativamente es como si alguien que tuviera 60.000 euros, donara 17 euros.

Ser rico es estupendo, pero ser muy, muy rico es complicado. Bill Gates, por ejemplo, ha decidido quedarse con un rinconcito y el resto utilizarlo para el bien común. El fundador de Microsoft, que supera en muy poco la fortuna de Ortega, ya ha donado 20.000 millones de euros para investigaciones médicas y, además, ha anunciado que, a su muerte, legará una pequeña cantidad a sus hijos, ponle 100 millones, y el resto lo donará o como el dice, lo devolverá a la sociedad. Gates y  Ortega, hay que reconocerlo, se han hecho multimillonarios gracias a sus respectivas grandes ideas, pero, seguramente ninguno de los dos, imaginó jamás llegar a esas cifras estratosféricas.  Han creado puestos de trabajo y han generado riqueza, pero, además, cada día, al levantarse, e incluso si no se levantan, suman más ceros a una fortuna que no para de crecer. Seguro que Bill Gates es más feliz, con sus proyectos de salud y sabiendo que ayuda a investigaciones médicas que otros malgastando como posesos en Ferrari, aviones privados y mansiones inabarcables que solo visitan de año en año. 

En la lista de las personas más ricas de España figura también Carmen Cervera, baronesa Thyssen, que se sitúa en el numero 45, sin que se especifique a cuanto asciende su hucha, aunque hace algunos años, al publicarse la lista de las personas más ricas de Suiza, se cifró su patrimonio entre 1.200 y 1.500 millones de euros. Piedras, cuadros pero poco metálico, por eso tuvo que vender por 28 millones de euros el cuadro “La Esclusa” del pintor inglés John Constable para tener liquidez.

Carmen Cervera, que es rica por viudez, siempre ha mirado la peseta, se peina y se tiñe en casa por no pagar la peluquería y se ha visto obligada a trasladar su residencia a Andorra, al igual que su hijo Borja, para ahorrarse impuestos en España. Desde que Hacienda se ha tomado en serio perseguir a los defraudadores, ya no vale el domiciliarse en un paraíso fiscal y vivir, en realidad, donde a uno le de la gana, ahora si declaras ser residente en Andorra tienes que vivir allí  la mitad del año, te guste o no, y además, poder demostrarlo.

Por eso, estos últimos meses Tita Cervera estaba medio desaparecida ya que no hay mejor prueba para Hacienda de que los famosos están en España que las fotos que salen en la prensa del corazón, para que luego duden de la utilidad de las revistas rosas. Tita no salía en las revistas, ni de su casa de Andorra, desde el pasado verano  cuando, en compañía de su hijo Borja, su nuera Blanca y sus nietos, paseó su armonía familiar por aguas de Ibiza. El lunes 2 de noviembre volvió a Madrid para presidir la inauguración de una exposición en el Museo Thyssen titulada “La ilusión del Lejano Oeste”, donde aseguró que  la afición por los cuadros de indios y vaqueros le viene de la época en la que estuvo casada con el actor Lex Barker, interprete de algunas películas del Oeste. Tita es  genial, tiene una explicación para todo  y más dinero del que jamás soñó tener pero, al parecer, no tanto para vivir tranquilamente en Madrid y dejarse de idas y venidas a Andorra.

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