Corte y confección

Alessandro Lequio, el amante cautivo

Alessandro Lequio
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Antonia dell'atte

gtres

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Ana Obregón

Gtres

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alessandro lequio y silvia tinao. Silvia Tinao

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Mar Flores

Pedro Pernía

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sonia moldes 99. Sonia Moldes

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olvido Hormigos. Olvido Hormigos

4 de octubre de 2016, 11:35

Lo de las ex de Alessandro Lequio es como el rayo que no cesa. Tras la explosión del escándalo Olvido Hormigos el citado fue feliz padre de su hija, Ginevra Ena, (léase Ginebrina) nacida de su matrimonio con María Palacios, su tercer vástago tras Clemente, nacido de su matrimonio con Antonia Dell’Atte, y Alejandro hijo también de Ana Obregón. Ahora ha salido a escena Sonia Moldes (que mal ha envejecido esa chica, por cierto) que fue pareja oficial de Lequio hace 20 años parar aprovechar el filón antes de que se agote sin darse de que, a estas alturas de la película, Lequio sigue su vida y ella y todas las demás prefieren pasar por objetos sexuales que pasar desapercibidas.

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Conocimos a Alessandro cuando la empresa de automóviles Fiat le mandó a Madrid a principios de los años 90. Guapo y muy, muy italiano, se le empezó a ver en fiestas de sociedad junto a Antonia, también guapa y muy, muy italiana, aunque ella con el carácter de las mujeres del sur y él con el estilo de los hombres del norte. Con las fotos llegó su biografía que le hizo subir enteros por su relación con la familia real española pues, como todo el mundo sabe, su abuela era la infanta Beatriz, hija de Alfonso XIII. Hijo de la recientemente fallecida Sandra Torlonia, la prima más cercana al rey Juan Carlos, cuando Lequio llegó a España fue invitado en varias ocasiones, con y sin su madre, al palacio de la Zarzuela. Fue entonces cuando los Reyes Juan Carlos y Sofía le pidieron que fuera discreto y que, sobre todo, no dejara que se aprovecharan del parentesco para utilizarlo en fines comerciales. No les hizo ni caso, pero nunca rompió la relación con su tío Juan Carlos con quien comparte algunos rasgos de carácter.

Alessandro no pasaba desapercibido y en una de esas fiestas sociales de aquella época en la que se ataban perros con longanizas conoció a Ana Obregón. Fue en la fiesta que Chanel dio en la arena de la plaza de toros de Las Ventas con motivo de la inauguración de su tienda en Madrid; Alessandro coqueteó con Ana, que en aquella época era muy mona y muy simpática, y Ana con él. No es verdad que se conocieran de antemano como explicó la Obregón, asegurando que conoció a la pareja en Italia mientras rodaba una película; se vieron por primera vez en la fiesta y se intercambiaron los teléfonos y más cosas hasta que la temperamental Antonia se enteró y echó de casa a Alessandro. Ana hizo alarde de dinero y posición y el italiano se fue con ella y entró en el olimpo de la fama, de donde nunca más ha salido.

Lo de Ana y Lequio no podía durar y no duró. Como muchas mujeres, ávidas de compromiso, la Obregón se llevó a su pareja a las vacaciones familiares en la mallorquina Costa de los Pinos y el bello italiano empezó a asfixiarse y también a ponerse chulo con ella que, de ningún modo, quería dejar la relación. A Ana le encantaba decir que su hijo Alejandro se parecía a Alfonso XIII (tenía razón) y un día se presentó en un acto al que acudió la infanta Elena alegando que era su prima. Pero, al final y tras algunos episodios subidos de tono, Ana acabó dejando a Lequio cuando se hizo público que éste jugaba al golf con Silvia Tinao, una azafata de Iberia.

Ahí empezó una época de madurez ligona con una larga lista de amores, amantes y líos, entre ellos el mantenido con Mar Flores, y su acuerdo sexual con Sonia Moldes, en los que Alessandro podía pasar de actuar como un adolescente enamorado, como un seductor y como un adicto al sexo. De familia, de clase y de origen le viene a Lequio su comportamiento, algo atolondrado y casi siempre frívolo, en aquella época de quien que sabe que las mujeres se caen a su paso. Pero esos tiempos ya pasaron y sus antiguas amantes no se han enterado de que Lequio se ha hecho mayor. Durante años no le costó nada ligar ni con las que se creen señoras ni con las que se confiesan putas; hizo, y quizá sigue haciendo lo que puede, y seguramente ha contado más de lo que ha hecho y se ha creado una fama en la que ahora se sostiene la avalancha de ex amantes en busca de rentabilizar una relación. Observar como esas mujeres que, de forma voluntaria, entraron y salieron de la vida de Lequio utilizan esas relaciones para ganarse unos dineros hace que empecemos a pensar que quieren cobrarse lo que, en su momento, hicieron gratis.

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