Corte y confección

Alejandro Albalá pierde la guerra contra Chabelita

Chabelita Pantoja
Isa Pantoja y Alejandro Albalá
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Rupturas de famosos

28 de septiembre de 2017, 15:03

El trono del famoseo, sector low cost, es un puesto muy cotizado y también muy volátil. Son muchos los convocados y pocos los elegidos; hay que tener fuste y mucha imaginación para conseguir mantener la atención. Estos días se está postulando Alejandro Albalá, el muchacho santanderino que en los últimos dos años ha ocupado el puesto de ”chevalier servant” de Chabelita Pantoja Martín. Albalá sustituyó en el corazón voluble de la joven a Alberto Isla, padre del pequeño Albertito, en una relación que incluyó boda exótica en México, ruptura posterior, demanda de divorcio, reconciliación y finalmente, ruptura final. Un sinsentido protagonizado por dos sinsustancias que, lejos de asumir sus resposanbilidades, viven en permanente estado de frivolidad.

Chabelia, con gran facilidad para las sustituciones, prefiere ahora relacionarse con Alberto Isla a quien dice haber perdonado por las afrentas pasadas que la llevaron a los brazos de Alejandro. No sé, a mi me parecen los dos iguales, unas marionetas a las que Chabelita mueve los hilos.

Chabelita Pantoja que, no olvidemos, aún no ha cumplido 22 años, es ya toda una experta en el arte de la manipulación, una superviviente en muchos sentidos a la que hay que reconocer una capacidad extrema para dirigir su propia vida desde muy pequeña. Con 18 años ya era madre, sin que esa circunstancia le haya impedido vivir en permanente estado de inestabilidad, utilizando a su familia, a sus parejas y hasta a ese personaje oscuro llamado Dulce y dirigiendo la vida de todos sin que parezca que nada hace mella en su ánimo. Se gana la vida como puede, haciendo de sus cuitas su modus vivendi y eso tienen su mérito. Puede decirse que, a pesar de su diletancia, es una mujer independiente que logra que todos bailen al son que ella marca.

Si Chabelita ha desarrollado un instinto de supervivencia ha sido, seguramente, porque en su infancia y adolescencia nadie estuvo muy pendiente de ella. Mucho de lo que hace tiene que ver con su pertenencia al clan Pantoja que pilota en torno a la cantante y sus propias obsesiones.La joven, como su madre, no parece tener la habilidad de hacer amigos.

Alejandro Albalá no es ninguna lumbrera pero sus últimas declaraciones confirman que su madre, Paz Guerra (anda que menundo nombrecito) tenía razón. Su paso por la vida de Chabelita dibuja una relación en la que mandan los caprichos y la tontería, sin atisbo de proyectos ni compromisos. Chabelita se ha indignado por las afirmaciones de quien se convirtió en su marido un día en el que, al parecer, no tenían nada mejor que hacer. Ella es la que controla la situación y saldrá victoriosa en un combate desigual porque Alejandro no es Antonio David Flores, el gran artista de la confrontación que también es responsable de la guerra sin fin que libra contra Rocío Carrasco. Albalá es un niñato, lo tiene mal y lo mejor que puede hacer es desaparecer del mapa, volver a su casa y comprarse una vida. Su guerra con Chabelita está perdida, ella sabe muy bien lo que quiere.

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