Corte y confección

Alba Carrillo, la peor alumna de Supercasadas

Mariángel Alcàzar
Alba Carrillo

6 de octubre de 2016, 08:55

Alba Carrillo debía de aprender de Mar Flores: mejor callada y a rey muerto, rey puesto. La ex de Feliciano López y madre del hijo de Fonsi Nieto va de fracaso en fracaso hasta la derrota final, vendiendo su despecho a precio de saldo y convirtiéndose en un personaje cada vez más odioso. Pasarán los años y hasta los siglos y seguirán existiendo mujeres que ponen todo su empeño y sus energías en pillar un buen partido pero hay que ser muy tonta para dejarlo perder o para no sacar tajada: todas debían aprender de Isabel Preysler que nunca ha hablado mal de sus ex.

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La ex de Feliciano se las prometía muy felices cuando consiguió que el tenista se casara con ella, pero le perdió el carácter. Sin más carrera que la de haber participado en el concurso televisivo “Supermodelo”, Alba enseguida lo utilizó de trampolín y a los pocos meses ya se había emparejado con el piloto de motos quien, como le recordó su tío Ángel Nieto, estaba más pendiente de la fama que de los circuitos de carreras. Poco duró el asunto y, Alba, con un niño a cuestas que al menos le garantiza lo que Julio Iglesias denominaba “cheque Chabeli”, que es una renta a cuenta de la manutención del hijo, se fue en busca de otro incauto. Lo encontró enseguida por que Feliciano, que acababa de salir de su relación Guadiana con la ex Miss España María José Suárez, era un objetivo fácil, la rapidez con la que se ennovió y comprometió con Alba más parecía ser un escudo para quitarse de encima esa pesadez de ser ligado por ahí. El guapo y algo simple de Feli solo quería que le dejaran tranquilo pero no tuvo muy buen ojo.

El bodorrio bajo la sombra del Alcázar (no se rinde) de Toledo no fue un buen augurio y al año, aquella novia feliz por la captura, cual cazador posando con elefante africano, se convirtió en una llorosa mujer abandonada que no entendía como su adorado Feliciano, al que creía entregado y cautivo, se había cansado tan pronto. A partir de ahí, todo ha sido un despropósito y Alba, tan lista ella, se ha ido enredando en su propia tontería sin tener en cuenta que una vez roto el matrimonio debía haber aplicado la doctrina Preysler que también y tan bien ha desarrollado Mar Flores: de lo perdido saca lo que puedas.

Con una buena estrategia, Alba Carrillo le hubiera sacado algo a Feliciano y, en cualquier caso, se debería haber preocupado de su futuro y evitar esa imagen de despechada rabiosa que asusta a futuros pretendientes, tenga o no tenga razón.

Isabel Preysler nunca habló mal de sus maridos y mírala, a los 65 años, por fin, ha podido alcanzar el amor sin perder el interés, ni el capital. Mar Flores que empezó muy mal y gestionó aun peor su relación con Fernando Fernández Tapias, simultaneándolo el entonces golfo Alessandro Lequio que también le fastidió su relación con Cayetano Martínez de Irujo que la habría convertido en condesa. Mar aprendió de sus errores, se retiró de la escena con Javier Merino, blanqueó su imagen y una vez superada la penitencia, ha vuelto a escena como la mujer fascinante que siempre quiso ser. De momento ya circula de la mano de un millonario mexicano y conserva el estatus que obtuvo como señora de Merino. Alba, hija, aprende de tus mayores si algún día quieren entrar en el club de las Supercasadas

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