Corte y confección

Alba Carrillo, mejor herida que despechada

Mariángel Alcàzar
Alba Carrillo: “Con Feliciano me precipité”

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Rupturas de famosos

25 de febrero de 2017, 12:57

Nadie conocía a Alba Carrillo cuando se presentó a “Supermodelos” pero ahora, tras su boda y separación del tenista Feliciano López, su presencia nos persigue sin que a estas alturas quede claro que meta quiere alcanzar. Hace nueve meses se presentó cual dolorosa, abandonada sin saber porqué, y con los meses ha ido transformando su desconcierto en despecho, presentando los meses que estuvo casada con el tenista como un periodo tortuoso en que fue humillada como una pobre Cenicienta. Pero, mira tú por donde, tras semanas haciendo y diciendo tonterías, Alba Carrillo ha vuelto a escena ofreciendo otra versión de sí misma, que no es buena pero, al menos, es más creíble. Se nota que antes iba por libre y ahora se ha aprendido bien el guión aunque ha cambiado tantas veces de argumentación que, sinceramente, no hay quien la entienda pero presentándose mas herida que despechada le hace ganar enteros.

Su relato de la relación que mantuvo con su Feli es de traca, según lo explicó en el “Deluxe” la sufrida modelo. Una historia que empieza con una pedida de mano a la que se autoinvitó el hermano del tenista y siguió con las continuas interferencias de los padres de él. Alba, tan mona ella, aseguró que intento “mediar” con sus suegros lo que ya explica el lío de doble personalidad que tiene porque para mediar hubiera necesitado a alguien más; mejor hubiera sido pactar. Y, a todo esto, el tenista a lo suyo, dándole a la raqueta por esos mundos de Dios, huyendo sin duda de una situación familiar en la que, no hay que olvidar, el mismo se había metido. Porque sí, Alba Carrillo es muy pesada y vivir con ella debe ser una penitencia, pero algo ha quedado claro, la furia de Feli se queda en la pista; su ex le presenta como un pusilánime incapaz de establecer complicidades con la mujer con la que se había casado.

Si la inmadurez pudiera medirse, no sé yo quien de los dos ganaría el partido pero en la hora de la separación al menos el tenista está siendo más sensato, porque ella es capaz, incluso, de explicar que recién casada dudó de la hombría de su marido dada la escasez de sus relaciones sexuales y al mismo tiempo, molestarse, porque frecuentaba camas ajenas. Y, encima, se presenta como una cándida que confiesa que le seguirá guardando fidelidad al tenista hasta que tenga los papeles del divorcio. Pero, chica, qué cosas explicas y en qué laberintos te metes, si te equivocaste al casarte, pasa página y búscate la vida fuera de la pista.

Entender lo que pasó en un matrimonio, oyendo únicamente una versión de los hechos, es imposible y seguramente los dos son responsables de haberse casado sin tener nada en común. Él dejándose llevar y ella deslumbrada por la vida de amor y lujo que le esperaba y que, para qué engañarnos, le interesaba más a ella que a él. Sin conocerlos de nada, solo observando cómo se comporta él y cómo se muestra ella, está clarísimo que no tenían nada en común. Alba Carrillo está tan enrabiada por haber perdido su posición de mujer, que eso le ha nublado el entendimiento, cuando desde el principio le hubiera ido mucho mejor mostrarse débil y herida y, sobre todo, decepcionada porque, y eso sí ha quedado claro, puede que ella se enamorara, si no del tenista, sí de todo lo que él podía ofrecerle, pero desde luego él no se casó por amor, sino por pereza.

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