Vidas propias

"Viene Fangoria. Achucho a Alaska, poco, porque está con una alergia rarísima, me descojono con Mario y logro intercambiar algunas palabras con Nacho Canut"

JJ, Alaska y Nacho Canut

27 de febrero de 2016, 16:54

El fin de semana se adelanta al viernes. Viene Fangoria a tocar al 'Deluxe' y se me pone el cuerpo jota discotequera versión pelín maquinera. P. está enganchado a su último disco y por ende también lo estoy soy. La canción que están promocionando, 'Geometría polisentimental', es un auténtico trallazo. Achucho a Alaska –poco, porque está con una alergia rarísima-, me descojono con Mario y logro intercambiar algunas palabras con Nacho Canut. Somos los dos muy tímidos así que cuando nos hemos visto no hemos pasado de saludarnos desde la distancia. Qué buen rollo dan los tres. Producen los mejores efectos de las buenas pastillas. Como P. está perezoso, el sábado enrollo a César para que se venga al teatro a ver a Bibiana Fernández y a Manuel Bandera. En cuanto la diva aparece en escena las señoras no dejan de susurrar: “Menudo tipazo tiene”, “Qué delgada está” y piropos por el estilo. A Bibiana y a Manuel da gusto verlos en el escenario porque se les quiere. Y Fernández, en particular, produce en mí un efecto hipnótico. Atrae mi mirada cuando canta, cuando habla, cuando gesticula, cuando sonríe, cuando insinúa y cuando coquetea con el público. Tras saludarlos en el camerino le pido a César que me pasee por las calles de Madrid, que están repletas de gente. Parecía Navidades. Paseo por Chueca con ligera distancia: pensaba que me iba a azotar la melancolía por lo vivido y bebido en el barrio pero no. Ya fue. No es sano refugiarse en los recuerdos aunque una vez sentados en un bar no paro de decirle a César: “Cuando yo salía…”, “Cuando yo ligaba…”. Le cuento cómo llegué a Madrid y cómo entré en la televisión y parece que me escucha con interés hasta que miro el reloj y le digo: “Son las nueve menos cuarto, hasta aquí hemos llegado, parezco el abuelo Cebolleta. Me voy que P. me espera para cenar”. Y oye, vuelvo a casa con alegría. Aunque pienso que de vez en cuando conviene tirarse a las calles y armar la marimorena para no oxidarse.

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