"Se nos disparó la imaginación y pensamos que estaríamos todo el rato cachondos perdidos"

¿Y tú qué opinas?

Chippendales

13 de agosto de 2014, 08:30

Me ha costado una semana comenzar a ser persona. Aterrizamos el sábado en Los Ángeles y hasta el viernes no vuelvo a ser un poco yo. Por fin he conseguido librarme  de unas ampollas en los pies que me han martirizado hasta límites inauditos y he superado el jet lag. No ha habido día que haya aguantado más allá de las nueve de la noche despierto salvo hoy viernes que parece que estoy más espabilado.



¿Qué pensáis que haremos para celebrarlo? ¿Ir a ver un musical? ¿Una peli de arte y ensayo? Pues no. Decidimos ir a ver un célebre y emblemático espectáculo americano en el que una panda de tíos bien dispuestos se quedan en bolas. Así es: fuimos a ver a los Chippendales. Fabulamos durante todo el día cómo serían los muchachos. Les precede una fama mítica así que se nos disparó la imaginación y pensamos que estaríamos todo el rato cachondos perdidos. El local estaba repleto de tías de todas las edades con ganas de juerga. En cuanto los chulánganos salieron al escenario aquello se vino abajo: parecía una olla de grillos.

Pero el entusiasmo del mujerío era directamente proporcional a nuestro desencanto. Nos pareció todo muy cutre. Muy basto. Tampoco esperábamos ver ‘El lago de los cisnes’ en versión calentorra pero cualquier espectáculo de despedida de soltera de un barrio de la periferia de Madrid tenía más gracia que lo que vimos esa noche. Uno de los momentos cúlmenes de la noche fue cuando, con una sentida canción de Enrique Iglesias, seis chicos aparecieron ataviados de marines y se quedaron en calzoncillos con la bandera norteamericana. Y los otros tenían que ver con el restregueteo de los chicos con las entregadas damas.

Como muestra de amor, P. compró unos calzoncillos de veinte dólares con el anagrama de los Chippendales para que yo me pudiera hacer una foto con uno de ellos. Salimos del antro con una extraña sensación que tenía mucho que ver con la melancolía. Fue más o menos parecida a la sensación que nos produjo ver cómo estaba de desteñida la capa del muchacho que hacía de Superman en el Paseo de la Fama.

 

Por Jorge Javier Vázquez

Ya sé que no me conocéis y que nunca habéis oído hablar de mí… así que voy a aprovechar esta oportunidad para ir con frecuencia a mi archivo mental y vaciar la papelera en este blog en un intento de no colapsar mi ordenador personal, ya de por sí siempre lleno de ideas sin salida.