"Me encanta darle besos a mi madre en el cuello"

¿Y tú qué opinas?

25 de febrero de 2014, 16:52

Se me ha hecho muy corta la visita de mi madre. Cuatro días. Como ha sido tan poco tiempo y además no nos hemos visto demasiado, no hemos discutido.

La Mari acaba de cumplir 74 años pero está más fresca que una lechuga, que es una expresión que ella utiliza muy a menudo. También la de :“Vamos nene, estaría yo loca” o “No tanta luz que me encandilo”, cuando se nos va la pinza con peticiones materiales aunque esa la utilizaba más cuando los tres hermanos éramos pequeños y nos poníamos en plan pedigüeño. El jueves por la mañana, en el desayuno, me atrevo a decirle que estoy un poco cansado porque la grabación de ‘Hay una cosa que te quiero decir’ se prolongó cerca de siete horas. “Creo que me voy a resfriar, ayer cogí un poco de frío en el plató”, pronuncio con voz mimosa  para darle un poco de pena. “Pues hijo, yo nunca me pongo mala”, me dice ella. Si alguna vez me atrevo a sugerirle que llevo un ritmo de trabajo un tanto endiablado corta en seco mi parlamento: “No seas tonto y aprovecha”. Por eso me hace tanta gracia que en todas las entrevistas me pregunten por qué trabajo tanto: pues porque desde pequeño he mamado que no se debe decir que no a ninguno. Me encanta darle besos a mi madre en el cuello porque, además de oler muy bien, ella se monda y sus risas me suenan a gloria. No sabía yo que esa era una práctica tan habitual entre hijos y madres. Lola Herrera me confesó en ‘Hay una cosa que te quiero decir’ que gozaba haciéndole lo mismo a la suya. Disfruto cada vez que coincido con Lola. Es simpática, divertida, optimista, moderna, cariñosa. Te quedas embobado escuchándola. Me pasó lo mismo con Marta Sánchez pero de otra manera. Detrás de esa apariencia de mujer de rompe y rasga se adivina una personalidad vulnerable e insegura. De cerca desprende melancolía y un punto de tristeza que la hace muy atractiva. Eso mi madre no lo entiende porque considera que la tristeza es un estado de ánimo del que hay que huir como de la peste, aunque yo no puedo evitar caer en él, aunque sólo sea durante un ratito, el viernes cuando se va.

 

Por Jorge Javier Vázquez

Ya sé que no me conocéis y que nunca habéis oído hablar de mí… así que voy a aprovechar esta oportunidad para ir con frecuencia a mi archivo mental y vaciar la papelera en este blog en un intento de no colapsar mi ordenador personal, ya de por sí siempre lleno de ideas sin salida.

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