Vidas propias

"Los programas de política hablan de corrupción, tráfico de influencias, estafas... Para que luego hablen de los programas que presento yo"

Jorge Javier Vázquez
Jesús Cintora

4 de mayo de 2016, 07:00

Pongo el viernes 'Al rojo vivo' y presenta Cristina Pardo en vez de Ferreras. No sé si es así siempre. Si no lo es, debería serlo. Ferreras dice “Hoy hace sol en toda la península” y te cagas de tal manera que te dan ganas de largarte a Panamá y abrir unas ciento treinta y dos “offshore” de golpe. Teniendo en cuenta que en la casa de Gran Hermano todo se magnífica tenerlo como concursante debe ser la leche. Por eso un viernes la presencia de Cristina Pardo te da muy buen rollo para empezar el fin de semana. Porque hay que echarle ganas de vivir al enterarse de las mierdas y ruindades que desvelan estos programas: corrupciones, tráficos de influencias, estafas, puñaladas políticas. En dos palabras: desencanto generalizado. Para que luego hablen de los programas que presento yo. Pardo sustituye el tremendismo de Ferreras por sentido del humor envenenado, sonrisas impregnadas de mala leche y sentencias contundentes. Ferreras pontifica, Pardo remata. Ferreras es muy machirulo –se despide de sus contertulios dándole la mano y a algunos los trata de Don-, Cristina más easy going. Hablaban el viernes del jaleo que tienen en el PSOE para confeccionar sus listas y me daban ganas de citar a Pedro Sánchez en una cafetería –y así conocerlo en persona- y convencerlo para que se largue de ese partido que no le quiere y que se está convirtiendo en una vergüencita. La estampida de Chacón fatalmente explicada por la propia interesada, la machacona presencia de una Susana Díaz a la que se le nota demasiado que está esperando que Sánchez caiga para aparecer como salvadora y cientos de puñetitas a cada cual más fea. Pero vamos, que no sólo está mal el PSOE. Lo del PP y sus líderes caducos es de traca y la ambigüedad de Podemos con Venezuela y Otegui me descoloca y me cabrea a partes iguales. Se indignan en los programas de televisión porque los políticos no hayan sido capaces de formar gobierno y a mí me sorprende esa indignación porque en esos programas sucede lo mismo que en el Congreso. Nadie escucha a nadie. Nadie es capaz de darle la razón al otro. Cada uno por su veredita, sin prestar atención al que camina a tu lado y puede que sepa más que tú. Tenemos vieja política, viejos tertulianos cascarrabias y un país tan desencantado que Laguna Cacao –la localización más infernal de Supervivientes 2016- se me antoja la Tierra Prometida.

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