Vidas propias

"La gente piensa que soy muy atrevido pero en realidad tengo unas dosis de cobardía bastante elevadas"

Jorge Javier Vázquez
iba en serio

7 de junio de 2016, 10:10

La gente piensa que soy muy atrevido pero en realidad tengo unas dosis de cobardía bastante elevadas. Y me cabreo conmigo mismo porque el miedo me impide expresar de manera pública algunas cosas que a la larga podrían perjudicarme. De las últimas cosas que recuerdo haberme callado es lo que sucedió en noviembre cuando fui a Alicante con mi función “Iba en serio”. Días antes de estrenar atendí una entrevista y el compañero me contó que los de Guanyem, que mandan ahora en aquel lugar, me habían puesto como ejemplo de lo que no debía ir a un teatro público. En primer lugar yo y en segundo Los Gemeliers, que me preguntó qué habrán hecho los pobres muchachos para que les señalen de esa manera. No entiendo qué lleva a los políticos a poner en evidencia lo que no les gusta. No es necesario. Me parece hasta humillante incluso. El político debe estar al servicio de todos los ciudadanos no sólo de unos cuantos. Los alicantinos que pagan sus impuestos ¿no tienen derecho a verme? Entiendo que sí porque, además, abarrotaron el Teatro Principal. Lo malo de todo esto es que me pusieron como mal ejemplo sin haber visto la función y después de estar allí no tuvieron la delicadeza de llamar y, al menos, reconocer que el público se lo había pasado bien. En su día consulté a mis amigos hacer público lo sucedido pero me recomendaron silencio porque lo que pasó en Alicante podría extenderse a otras localidades y que peligraran algunas contrataciones. No me gusta vivir con miedo. Tampoco que nos atemoricen con que llegan los comunistas y con ellos el extremismo, la violación de ancianas, la quema de iglesias y la disolución de España. Por otra parte, también me gustaría que los populistas –no me gusta la palabra aunque así los conocemos- se permitieran alguna que otra frivolidad y abandonaran esa expresión de estar continuamente leyéndonos la cartilla. Si para ser felices hay que matar al padre, ellos representan la antítesis de la felicidad. Parece que quieran ir de padres de todos nosotros. También es verdad que entre el Cospedal y el extremismo me quedo con estos últimos.

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