Vidas propias

He creído adivinar por qué mi padre sentía ese odio visceral hacia Lola Flores

Jorge Javier Vázquez Rosario Flores
Lola Flores

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9 de marzo de 2018, 10:20 | Actualizado a

Crecí en una casa en la que la palabra “futuro” estaba muy presente. Mi padre me hablaba continuamente de la necesidad de convertirme en un “hombre de provecho”, de estudiar sin descanso para conseguir un trabajo fijo, y llevar así una existencia plácida y relajada. Yo sufría mucho con las notas porque mi padre no se conformaba con que aprobara, sino que aspiraba a que mi boletín estuviera repleto de notables y sobresalientes. Cuando no abundaban estas calificaciones, le entregaba el dichoso boletín con miedo. Mi padre luchó para que me enfrentara a un futuro que ya no existe: el de la estabilidad, el de los trabajos para siempre. En mi caso un rollo de futuro porque he elegido una profesión que poco tiene que ver con la seguridad.

Se lo digo a todos los jóvenes que quieren dedicarse a lo nuestro. Abandonad si no estáis preparados para vivir en la incertidumbre. Vuestro trabajo durará lo que dura un programa, y lo más natural del mundo es que los programas fracasen.La nuestra es una profesión más de “noes” que de “síes”. Dejadla ahora que sois jóvenes y estáis a tiempo. Pero si decidís continuar, hacedlo con todas las consecuencias. En mi caso ha valido la pena, y no la cambiaría por nada.

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¿Por qué escribo todo esto? Porque creo que después de ver la entrevista de Rosario en lo de Bertín Osborne he creído adivinar por qué mi padre sentía ese odio visceral hacia Lola Flores. No la soportaba. No podía con ella. Y creo que ese rechazo era debido a la manera de vivir de Lola, caracterizada por su amor a la libertad, el rechazo del orden establecido, y su pasión por una vida en la que no existía el orden ni los horarios. Una existencia marcada por su absoluta dedicación y disfrute del arte. Contaba Rosario en la entrevista que su madre era capaz de despertarla a las tres de la mañana para que fuera a cantarle a los amigos que estaban en casa. Que Lola daba más importancia a disfrutar del cante y del baile que a saber resolver una raíz cuadrada. Que en la casa se comía muchas veces en bandejas porque eso de sentarse a la mesa a una hora determinada no se estilaba.

Ahora que nos ponemos tan tiquismiquis con la educación de los hijos, entrevistas como la de Rosario son como un bofetón de frescura en esta sociedad nuestra, cada vez más pacata y aburrida. Yo de pequeño veía cosas en la televisión que ahora serían impensables porque las preclaras mentes de nuestro país las considerarían inapropiadas. Y no creo que me haya ido mal en la vida, la verdad. Rosario nunca ha sido amiga de hacer entrevistas, pero se equivoca porque en el programa de Bertín estuvo espléndida, cariñosa, emotiva, divertida. Creo que tanto ella como su hermana Lolita tienen la obligación de dar cada cierto tiempo entrevistas sobre su familia para que no nos olvidemos de que otro mundo –bohemio, excitante, artístico– es posible y, sobre todo, fundamental.

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