Vidas propias

Chenoa se pone en modo 'Maripilismo' y mete la pata hasta al fondo. Se la ve quisquillosa y antipática

Chenoa Jorge Javier Vázquez
Chenoa

5 de octubre de 2017, 12:43

El sábado por la mañana me despierto con la resaca de una pesadilla feísima. Mi galga Lima se escapaba y al ir a buscarla aparecían dos perros muy agresivos que me mordían las manos. No me hacían daño pero era incapaz de liberarme de sus mandíbulas. Tenía que venir un señor con una palanca para volver a dejar mis manos libres. Cuando Lima volvía de nuevo a mi lado estaba a punto de ser atropellada por un coche pero ahí ya me desperté hecho polvo. La mañana se arregló un poco después de una clase de canto con Óscar. Me lo pasé bomba cantando «El talismán».

Hago zapping antes de comer y veo a Chenoa en la rueda de prensa de su libro. Qué mal lo hace la pobre. Se pone en modo 'Maripilismo' y mete la pata hasta al fondo. Se la ve quisquillosa y antipática. Yo confiaba mucho en Chenoa porque España anda falta de divas, pero de un tiempo a esta parte la cantante está, como acabo de escribir, en modo 'Maripili'. No puedo explicar bien qué es eso pero creo que se entiende lo que quiero decir. Tiene que ver con tomarse demasiado en seria a sí misma, regodearse poco en la frivolidad y no soltarse la melena de vez en cuando. Sé que luego Chenoa ha admitido que en esa rueda de prensa estuvo fatal, lo cual es un motivo para pensar que no todo está perdido. A veces el éxito no ayuda a que surjan esas dudas tan necesarias para avanzar y vas adquiriendo comportamientos prefabricados que te alejan de tu mejor versión. Bien está que Chenoa se haya dado cuenta de que metió la pata. Si es lista —que lo es— saldrá reforzada. Le sobra soul y le falta samba. Así que, a Río de Janeiro a mover la cadera.

Por la noche, en el Deluxe, recibimos la visita de Alejandro Albalá. El muchachito tiene veintitrés años y acaba de terminar una relación muy complicada con Isa Pantoja. Me hace gracia que mucha gente de esa generación —él incluido— defienda a ultranza la fidelidad, pero viven inmersos en relaciones muy cercanas a la toxicidad. Deberíamos fijarnos un poquito más en los sesenta en vez de dejarnos contaminar por la filosofía del dichoso reggaetón.

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