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La Campos no sería ella si no te riñera periódicamente

María Teresa Campos Terelu Campos Jorge Javier Vázquez Ana Rosa Quintana
María Teresa Campos en Chester

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Las Campos Televisión Telecinco Entrevistas a famosos

2 de diciembre de 2017, 14:18 | Actualizado a

Televisivamente hablando, Las Campos han sido las protagonistas del fin de semana. Primero, Terelu en ‘Sábado Deluxe’, y el domingo, Teresa en el ‘Chester’. Terelu se sometió a un polígrafo repleto de picardías sexuales, y salió más que airosa. Mostró su lado más gamberro, y el público descubrió una faceta de su personalidad que suele ocultar por pudor. La Terelu encorsetada que aterrizó en ‘Sálvame’ es ahora una mujer desinhibida que ha conseguido liberarse de numerosos tics que la convertían en un personaje afectado y demasiado formal. Tras una época en la que parecía manejarse sin rumbo, Terelu ha encontrado un camino que le puede reportar muchas alegrías: el de la mujer disfrutona que no está dispuesta a renunciar a los placeres de la vida por tener unas medidas perfectas.

El domingo por la mañana me llama la Campos para contarme una cosa y, de paso, reñirme un poco. La Campos no sería ella si no te riñera periódicamente. Es más, yo he llegado a la conclusión de que solo te riñe si te quiere. Sus regañinas son como los chubascos tropicales, que duran poquísimo y desaparecen al momento. Yo me río mucho con ella porque tiene unos golpes buenísimos. Por la noche, en el ‘Chester’, me hizo reír y también soltar alguna lagrimilla. Dicen que aprovechó para lanzar pullas a Ana Rosa, pero yo no me enteré muy bien porque, a veces, la Campos hila tan fino con sus dardos que tienes que estar muy al tanto de la historia para enterarte de todo. Y si yo que estoy dentro de este mundo no me enteré, supongo que los espectadores olerían a chamusquina, pero poco más. Eso sí, también tengo claro que si Ana Rosa tuviera otro carácter, la guerra estaría asegurada. Pero conozco a pocas personas tan conciliadoras y enemiga de jaleos como la Quintana. Es el optimismo hecho carne. De todos los años que he currado con ella –y han sido bastantes– no la recuerdo cabreada ni un solo día. Eso, en nuestro medio, es como encontrar la aguja en el pajar.

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